sábado, agosto 08, 2020

Seismil

Dispuesto a zambullir 

mi cuerpo baboso de molusco

en la espesura ardiente 

de un nuevo té con leche 

me asalta repentina acaso una revelación: 

Soy un náufrago en la ciudad. 

Disfruto de una cruda soledad salvaje 

perdido entre la mansedumbre 

de un temerosa y citadina multitud

plegada sobre sí como un caracol 

en su coraza de olvidar.

Aunque estoy entre estas cuatro paredes 

excedidas de yeso, el viento corre 

como si fuera yo una roca volcánica 

que rueda irregular por la piel húmeda 

de un pico cordillerano -¿acaso un seismil 

catamarqueño?- bañado por las nieves eternas 

que untadas sobre el filo oxidado de su ladera 

invitan a asomar mi pescuezo larguirucho 

hacia la ilusión insondable del próximo verano.

jueves, agosto 06, 2020

Vilardebó

Ayer: la ciudad amaneció cubierta de humo 
y yo colgué como mono de una rama de anís 
estrellado
crecida de entre las rajaduras de baldosas 
en un camino al tiempo que pasó y no volverá 
y ya no importa...

Hoy: marco pasos. Son impactos 
entre el monte que resuenan acompasados; 
un colchón de humedad fiera los ecualiza 
en una frecuencia que solo escuchan 
alimañas y fantasmas 
de apellido Sánchez y Gamarra 
o en su defecto, Vilardebó.

miércoles, agosto 05, 2020

Hospital Pirovano

Sobre la vereda cascoteada, una carpa blanca
en forma de túnel abraza una estructura provisoria
con ilusión de abarajar la emergencia;
atrás cae la tarde vieja de Coghlan hacia una aguja
de ladrillos que nace en las entrañas de las cloacas
y trepa hasta cielo abierto; el club El Tábano
reposa cerrado porque es domingo eterno y el mundo
duerme todas las siestas que nunca durmió.
No así la guardia del Pirovano:
Mariana, Lucía, Martín, Emilia y tantos más
juegan su vida a cada minuto
en ese Santuario del Roto y del Averiado
siempre abierto si te dieron un balazo
si te apuñalaron o sos un vagabundo
y no tenés donde dormir la borrachera
de no saber qué día es, si perdiste
el gusto y el olfato, si no te bancás
la soledad o paranoiqueaste, ahí va a estar
escaso de insumos pero duro
de tanto esnifar realidad sobre
avenida Monroe, se erige
la Marilyn de la  salud pública urbana,
trmémulo y dorado Pirovano.

viernes, julio 31, 2020

Por tiempo indeterminado

¿Había llovido toda la noche? ¿O sólo ese rato en que la fuerza del viento movió tanto los árboles, que se escuchaban las ramas caer sobre el suelo de tierra de las calles del barrio? ¿Eso pasó una o dos veces, o fue una constante de aquella madrugada? Lucio tenía un sueño más liviano que de costumbre por esas crudas y gélidas noches del invierno de 1931. Entre penumbras y ensoñaciones los ruidos del mundo exterior, ese que para él eran las 10 cuadras de forma irregular en esa parte de Avellaneda, se intercalaban con las creaciones estrafalarias del pensamiento que habitaba su cuerpo dormido. Luego de unos mates con galleta dura del ayer de entonces partió de su casa rumbo a la fábrica, dispuesto a caminar para despertarse. El frío en la cara, filoso y tajante, lo cachetearía al activar en su interior la fuerza ancestral de la yerba mate al disolverse en el torrente sanguíneo del laburante hijo de inmigrantes. Afuera la mañana era gris, húmeda, implacable. Las calles de tierra, un lodazal sin final aparente, todo uno con aquel río que siempre perezoso bañaba las costas de las tierras del sur. A los saltos, Lucio, chapoteó todo el camino y llegó alegre a su puesto de trabajo, donde dos años más tarde sería visto por última vez, en medio de una huelga que, como la muerte, era por tiempo indeterminado. 

Qué es el tiempo...

¿Qué es el tiempo sino
una mermelada de aguacero
espeso que se derrama
excesiva sobre el borde
de los días; los brotes tímidos
de una planta de interior
al asomarse al pasillo
a ver si llueven pájaros
desplomados por azar;
tanques de guerra detenidos
para siempre entre los yuyos
en algún predio estatal
como piezas de un museo
de la memoria colectiva;
un mástil sin bandera
que flamee recortada
sobre un cielo encapotado
una aguja directa al corazón
de un alcaucil; túneles que
encierran arroyos donde
alguna vez unos señores
del siglo diecinueve
navegaron sus canoas;
un buzón rojo y solitario
en la esquina de mi barrio
un domingo; el mazo de cartas
españolas suspendido en la
vidriera sucia de kiosco;
pedacitos de nylon sobre el té
early grey humeante aquella
tarde que todavía
no pasó?

jueves, julio 16, 2020

Bebop

¿Dónde queda alojada para siempre la tremenda forma de expresarlo todo?
El paisito que me abraza está parquizado de whisky añejo, pócima mágica para camaleones como vos y como yo: nos ocultamos debajo de las máscaras tejidas con la piel para una fiesta popular que siempre está por llegar.
En última instancia tal vez vivir sea danzar en el aire cada día como el bebop de una trompeta que suena en un pequeño antro en San Francisco alguna noche de 1954, o como el bandoneón de Pichuco desgranándose nota a nota al tapizar las paredes de la cabeza de toda una generación.

martes, julio 07, 2020

Rosario

Aprendí que las palabras
No necesitan enroscarse sobre sí mismas
para decir las cosas como son y no todavía.
Decir por ejemplo
que el horizonte se esfuma
entre tus dedos al recortarse
sobre el marco de la ventana
no es otra cosa que plantar bandera
en alguna de mis lunas o sentir
de nuevo todo el sol sobre la piel
en febrero del 93 al quemar
y tallar recuerdos futuros.
Si la vida se te acaba un día
de viento frío del sur, pienso
que quizás fue porque era eso tu canto:
ola polar sentida desde adentro del abrigo.
Siempre cerca tu canción y tu poesía
estuvo de mi, aunque de costado
apoyada sobre la banquina
envuelta en luces titilantes.
Ahora que se apagaron
todo lo que dijiste está
en algún lugar de mi cabeza.
Sé todas tus canciones,
incluso las que nunca escuché.
La sensibilidad ante lo insignificante
es lo más difícil de conseguir.
No se estudia en la universidad.


miércoles, julio 01, 2020

Entelequia

Esta mano
que se desliza por la hoja
como un líquido de denisdad cremosa;
esta mano que suelta
una sustancia rojo sangre
y garabatea grafemas ancestrales
unidos en sus extremos
no es mi mano.
Estos dedos
cáscaras de un fruto seco,
que se endurecen para no quebrarse
ante la inagotable paciencia
que tiene el mundo
para descomponerse
no son mis dedos.
Bajo estas uñas
que no son mis uñas hay metales
hierro fundido, acero, llaves de bronce
entre pequñas partículas gaseosas
y de tierra acumulada
durante excavaciones previas:
todo eso se unta al sol
que pega afuera -una entelequia-
mientras llueven sombras adentro.

miércoles, junio 24, 2020

Potro

El día después de la madrugada
del accidente del Potro en la autopista
que une La Plata y Buenos Aires
yo estaba en un café de Almagro
-era el bar de viejes de Rawson y Rivadavia-.
Tenía quince años y la muerte 
me parecía un viento imposible.
La tv de fondo, clavada en Crónica,
transmitía nonstop el final repentino.
Desde el salón la mirada en imágenes mudas
bajo una cortina de cucharitas y murmullos.
Entonces recordé cuando una noche en Flores
bailé un cuartetazo y -deslumbrado- levité 
impulsado en la mirada a los ojos de María 
que bailaba y se reía y me decía, sin hablar: 
mirá qué ironía.



 

sábado, junio 20, 2020

Madriguera

Todos los días a la misma hora
de la noche
el tiempo se derrama como un solvente
a piacere
cobija entre sus clavos la caricia voraz
con óxido
entre el cielo y la tierra apenas contiene
tu mano
volátil y pringosa de tanto rodar
las calles
llevando y trayendo paquetes de río
y de sal
yo espero la suerte te traiga a mi barrio
cruzarte
con ojos abiertos y dedos en vé
alzades
expropiar la tristeza de tanto penar
sin vueltas
dibujar sonrisas aunque invisibles, feliz
retornar
al lugar madriguera que aún nunca fui.

martes, junio 16, 2020

Ciudad vacía

Una ciudad deconocida:
eso es hoy el lugar donde nací.

Como un pueblo ferroviario
treinta años después
del cierre del ramal
cuya traza guió vagones
de carga prósperos, llenos
de cosecha o manufacturas;
pasaban cada día
moviendo vida, echando humos,
desbordante de esplendor futurista.

Como cuando la fiebre amarilla
diezmó la población, y la civilización
rellenó terrenos del río con basura
para ensanchar sus sueños húmedos.
O como en los años veinte cuando
alguien al ver ese arroyo de cauce arrabal
serpenteante y líquido, entre las calles
de tierra, pensó en vestirlo de hormigón.

Ahora el futuro
es una ciudad vacía.

miércoles, junio 10, 2020

El bajo

Hacia allá está el río.
Lo sé porque las calles
comenzaron a descender
como teniendo pereza
igual a una manzana
al caer de madura.
Está el río, allá.
La vegetación viró verde
oscuro su follaje frondozo
de incontenibles yuyos
nacidos desde el centro
de la tierra se filtran
entre el cemento y pueblan
los irregulares adoquines
un poco más a cada paso.
Para allá está el río.
El aire, enriquecido
con nuevos minerales,
se hizo más denso:
huele a tierra
y huele a agua,
que es igual a decir
que huele a río.
No diviso borde ni orilla.
Invadido su antiguo lecho
por una ciudad y su historia
de familias hacinadas
y reunidas en el living
en torno a alguna esperanza.
Hacia allá está el río.
Desciendo unas calles más
bañado en el atardecer
naranja y frío. 

jueves, junio 04, 2020

Cuelga mi cabeza como res en un gancho

Cuelga mi cabeza
como res en un gancho
del Mercado Central.
Dónde drenar
este deseo ahora sino
en el punto chiquitito
sin audacia ni tenor
esparcido sobre cada
lugar de la casa como
un charco de piedra.

Es mi hogar una cabaña
perdida en el profundo sur,
isla de calor suave rodeada
por una soledad inmensa
y fría: la ciudad vacía.

Kilómetros de aire
tan puro que lastima.


lunes, mayo 25, 2020

25 de mayo de 2020

El momento en que nada pasa
y todo está por pasar,
un refucilo, el contacto
del dedo con la tecla blanca
la copa de un árbol mecida
por la sudestada que viene
del sur, el conteo regresivo
contiene en sí el disparo;
un movimiento leve
de tu ceja hacia arriba
preanuncia el gesto
y las palabras que dirá
tu boca; una piel en la yema
de los dedos al mirar una foto
a la distancia, partículas suspendidas
en el aire ponen en guardia
el olfato, el temporal allá afuera
desde el interior del refugio
junto al fuego; una ausencia
agiganta la presencia, el calor
helado de caminar tierras
desconocidas, cada paso
es una inminencia de lo tremendo
o de lo maravilloso, ver el patio
de la escuela vacío son les chiques
corriendo como partículas atómicas
que estallan hacia los contornos
de la Patria.

jueves, mayo 21, 2020

Cebolla pluma

Soy pluma de cebolla;
atiborrado de un viento barrendero
rehogo todo lo que fui alguna vez.
Me transparento sobre la chapa de los días
al calor cotidiano, dorado en un río
menjunje en fuego corona del tiempo
prístino e indomable corazón de melaza
escondido en un cañaveral litoraleño
a la espera del pasaje de la tormenta.



lunes, mayo 04, 2020

Tres tiempos

Una vitrola a go-go
tocando y tocando



1.

Tomo un tiempo para observar
cuencos trastos bolitas de papel
curvaturas y superficies
en las que alguna materia
puede haberse acumulado
a lo largo de todos los tiempos
son esos fondos de olla donde
nunca llega la limpieza superficial.

Afluentes de la memoria,
corren hacia un sólo lugar.

El mar.


2.
¿Dónde más sino
en ningún lugar, pueden
explotar los callos de los años;
islas raras o archipiélagos
que caminé sin pausa?

Rugosas marcas -hinchadas-
de cada día a borbotones
silenciosos y tremendos
a punto de estallar en
la danza leve de la soledad.


3.
Todo, absolutamente
todo lo que pasó
está en esa viitrola
de fichines noventosos.

Organizados en paletas
van y vienen a botón
los tiempos de los tiempos
cada uno, entre El amor
después del amor,
y Use your illusion II.

domingo, abril 26, 2020

500 metros

Fuego despiadado
es un atómico penacho en mi cornilla
atisa brasas en hilo,
para un caminar quema mis pies
limpia de formas tristes por hoy,
grande el porvenir tenuemente
un tesoro se descubre pero nadie
está, reflejan aviones en tu té verde
caen las bombas recortadas
sobre un cielo plomizo
amarillo por el abril; soplan
vientos de cambio, y algo tambalea,
algo cae, algo queda en pie
algo crecerá, también,
sobre la flor de un cáctus.

Parsimoniosa es
su majestuosidad, sólo lo miro
en sus ampollas veo mis días sucederse
y volver al principio
de un estrambótico panal de sonidos:
tomeros fueyes, vinosos rombos,
ásperas lenguas, dromedarias
pelusas donde prístinas planicies
arrean taciturnas estalactitas
de música y lentas
se descongelan, gotean
fuego verde, hacen charco
quiero chapotear cada sonrisa
que fuiste ya.

Es el comienzo
de una nueva etapa.

miércoles, abril 15, 2020

Tapabocas

Pasa un tipo en bicicleta.

A través del cactus
lo veo claramente.

No tiene cabeza.

Mejor así.

martes, abril 14, 2020

Baño de inmersión

¡Sotreta sos, destino!
apalancás el tiempo
y tras cartón
estirás la cuaresma
con dedos espaciados.

¡Imaginario mi empedrado!
Báñase en hojas ocre
y tallos de paraíso,
llora pelusa el maula:
Un velcro suave une los días.

Pegajoso es el entremés...
Atención, todas las sopapas
¡alerta! han de succionar.

Un orificio se ha destapado
linda lecho, acuático, profundo
bombeo a pedal y saluda la oruga.

lunes, abril 06, 2020

Día 23

Despojado ya de ropajes de ocasion
-disfraz bajo el que recibí
mi educación sentimental-
queda lo que soy, ni tanto ni poco.
Envuelve el otoño y sus partículas
caen sobre la cama; el sol acaricia
mi guarida, refugio de montaña
en la ciudad, es un enjambre
de pelos de gato y capas de piel
que van cayendo una tras otra
con los días.
Como se desgasta el mineral
cuando nadie lo ve, crece;
y el agua corre, danzarina
a través de los brazos del Tigre
hacia el río ancho en que nadan
tantas historias que no fueron
son narradas ahora, distintas
y tamizadas con la densidad
amable de la memoria.
Toco cada cosa, como la vez primera;
recién aterrizado de un viaje
interestelar, hecho de la
materia cotidiana de eso
que se llamaba vivir.
Ahora: cada movimiento,
es procedimiento
y se suceden los días como
oraciones silbadas
en fraseo continuo.



martes, marzo 24, 2020

El barrio en silencio

El barrio, sumido en un silencio poco menos que total.
Ocasionales: un auto, alguien que camina radudamente,
un colectivo carga tres que viajan imóviles,
distanciados entre sí.

¿Cómo serán sus historias?

Verónica tiene 38
trabaja de enfermera
en un hospital público
de Lomas de Zamora
siente en la panza una mezcla
de miedo y orgullo.
Walter atiende el turno noche
del kiosco de Carril y Condarco
de noche habla con zombies
que compran cosas extrañas.
Omar pedalea todo el día
carga una mochila naranja,
cuadrada y enorme,
lleva y trae cosas
de un lado a otro.
Sara lee, lee y lee,
la hoja en la que posa
ahora su mirada: "Hijo,
un animal demasiado solitario
se come a sí mismo".
Estela toma mate
en el balcón, riega las plantas
mientras se pregunta
"¿volverá la vida normal
algún día?".

domingo, marzo 22, 2020

La vida extraña

El potus en su maceta lánguido se deshace hacia un costado
un velador antiguo posa su luz sobre mí cuando lo dermino
gata que deambula majestuosa mientras observo detenido 
una calabaza que alguien talló hasta hacer mate.

Las especias de la India y los hongos
patagónicos, vino rojo sangre,
subrayan un trozo de tela desconocida
que reposa en el suelo,
lo veo de cerca cuando tomo clases
virtuales de yoga.

¿Será distinto en el refugio
de montaña, en plena cordillera
catamarqueña?
¿O el encierro es encierro
en cualquier lado?

Cosas suspendidas en el aire,
la vida extraña.

miércoles, marzo 11, 2020

Persea

Si tu historia es complicada
no te preocupes: podemos hablar
de otras cosas.

O solamente mirar el jardín
caótico que excedido de hojas
ramas y palabras parece decir
alguna cosa, desde el pulmón
de la manzana.

Podemos imaginar
formas posibles de asaltar
el baldío, sacudir las ramas
grandes, luego juntar las paltas
del piso en sandalias.

Luego moler el cafè
con la mirada, oler los espejos
donde posa el reflejo de les niñes
que fuimos alguna vez
y nos gustamos sin decirlo.

Ensanchar la mañana hasta
los bordes del precipicio de los
quehaceres, darle material laxo
total la rutina siempre vuelve
a acariciar nuestro áspero cuero.

Una persea americana, intrusa
en el Abasto, da los verdes
que el corazón necesita para
bombear viento dando impulso
vibrante continuo.

Si tu historia es complicada
no te preocupes: la mía tampoco.


El polvo de los días

Congelar sobre el fuego
un abecedario que contiene
todos los caracteres
alfanuméricos
de mi alma
si es que la hay
tropezadora nata
aunque no afloja
cuando muerde
el polvo de los días.

lunes, enero 13, 2020

Cardo violeta

Si subo lentamente por las calles que me llevan a la Villa Cordobita
encuentro en la mirada de los perros somnolientos un gesto de amabilidad, aunque sea la siesta y todo esté flotando o detenido. A medida que los pasos se suceden uno tras otro, levantan ruido seco y pequeñas raciones de polvo ancestral. Entonces descubro que a pesar de la
suspensión, algo se mueve dentro de  
mi almita barrilete que en trompo gira y se vuelve cardo violeta, abraza al sol y a la lluvia todas las veces que ocurre (son muchas incluso en un mismo día).
Las casas, selladas por fuera a través de persianas bajas, no tienen prisa alguna: ¿Para qué correr? Todo seguirá más tarde en su lugar. (Lo que no, por algo será).
Las sierras están donde siempre cuando la tarde se hace noche y asuma una luna disruptiva.
Voy para tu casa. Llevo queso, palta y vino tinto. No me permito vacilar.
Pienso que el destino es lo que hacemos con las cosas, las palabras y las acciones, hilvanado por algo más.



lunes, enero 06, 2020

Mosaicos Saponara

Un hombre 
con remera azul francia,
pantalones largos 
y mochila al hombro
cruza la avenida 
después de bajar 
del 105.
No mira si vienen autos 
o no, 
Confía que nada malo 
le va a pasar.
Luce enfrascado 
en algún pensamiento, 
aunque su gesto 
no es grave. 
Parece incluso ironizar, 
casi reír, acerca de eso 
que habita
transitoriamente 
su mente.

Apura el paso 
porque el otro semáforo 
cambió y arranca el vendaval 
de motores, 
en segundos tronarán y 
si tiene que haber escarmiento 
lo habrá.

El señor da unos salititos 
para subir el cordón 
y raudo ingresa
en Mosaicos Saponara.

miércoles, enero 01, 2020

¡Puede fallar!

El calor opaco de una nuez que baila
sobre un disco rayado de merengue italiano
me copa.
Atiende en Buenos Aires,
pero está en todos lados;
es un vapor invertebrado y vitalicio,
entumece las dunas al rodear aquel faro
querandí en la reserva de plano
chamamé irregular.
Así de contadictorio es el pejerrey,
otra vez la surtida suerte avisándome:
"El señuelo viene ensombrecido.
Cuidado ameo esto es así de salvaje,
un descuido y a guardar
la sombra de un álamo sin raíz".
¡Puede fallar!

lunes, diciembre 30, 2019

Los malos

Sonríen, pero sin amor ni alegría,
están en todos lados, tienen poder
son hijos o nietos o hermanos
de alguien importante
aprovechan cada momento
para bajar un poco más la vara
tienen mal olor y son feos
visten mal aún con buenas ropas
tienen los dientes podridos
y la panza rebozante
de comidas caras.
Sentados en su trono
se dedican a cagar por los poros
con la mirada perdida en nada
descansan en la defensa corporativa
que hará de ellos la Gran Familia
aún así, inseguros, disparan
allí donde crece algo bueno
son machistas, odiantes,
incapaces, traicioneros, mentirosos,
endogámicos, rastreros,
amarretes, paranoicos y muy ortivas.

Sobreactúan compañero
pero en el corazón les bulle un patrón
de estancia.

Son los malos.





viernes, noviembre 22, 2019

Noviembre

Las marcas en el cuerpo
rasco en busca de algo
dibujan pictogramas
de una fuerza ancestral, en la piel.

Estacas del tiempo que ya no vuelve
Son refusilos, y atraviesan de punta a punta
cada tramo de un camino
hacia lo que vendrá.

Sólo puedo bailar sobre la espesa bruma de los días
para hacer más corta la espera, mientras el sol estalla
y baña las hojas de los jacarandas en noviembre;
se deshacen sobre baldosas de un piso ajedrezado.

viernes, noviembre 01, 2019

El puerto de Buenos Aires


Atraviesa esta jornada
la arandela donde clavo
un estante que sostiene
mil planetas y se mueven
sobre un astro luminoso
enchufado a dosmilveinte
es mi coco estupefacto
cada día un sentimiento
agitado en los tablones
del estadio de un equipo
de fantasmas y torcazas
tomo el whisky en un florero
y el café sobre las rocas
porque el tiempo me acompaña
de noche a la vuelta al perro
veranito dame masa
en mis manos y sombreros
necesito apretar algo
y descomprimir el alma
de dolores, a mar del plata
piso el carro y sorbo hielo
nunca dije una palabra
que no sepan mis ancestros
aunque rusos gallegos tanos
todos en el mismo carguero
rebalsado de sueños, cagado
de miedo y sangijuelas
se bajaron una noche
en el puerto de Buenos Aires.