cuando se nubla
llega el recuerdo
del día de navidad
del año más lindo
fue entonces
cuando solitariamente
en la mesa de un bar
brindamos con unos viejos
solitarios y felices
liberados de toda norma
salvo de la ley primera:
vivir como si la vida
fuera eterna y el camino
una estela larga y brillosa
internándose en el horizonte
y nosotros condenados
a caminarla todos los días
con aplomo y persistencia
sin parar mucho más
que unos minutos para conversar.