un beso
escrito en un poema
bajo la vía láctea
frente al mar
¿qué fue antes?
¿el beso o el verso?
insondable en verano
indistinto en invierno.
bajo la negrura del bosque
de copas recortadas
sobre tantas estrellas
el vino derramado
entre las luciérnagas
un fermento dulce
perfume de etanol
mosto acariciado
de tus manos blancas
fue un instante
tan solo pero tanto aún
se expande en el recuerdo
parece interminable
como cada segundo de la vida
nada más existe para siempre.
nuestra casa en el bosque abriga
apretamos los dientes por las noches
el invierno es largo pero estamos juntos
salimos a caminar cuando algo no anda bien
nuestros pies van solos hacia el mar
todo marcha mejor así, el tiempo encuentra su lugar.
en el sueño de anoche vivo en el bosque
subir a cada ola es el idioma compartido
ya no quiero irme nunca, acá está mi diosa
la reina salvaje del mar azul.
el oeste es un acordeón
su fuelle es Rivadavia
el sarmiento se estira
cuando el sol rebota
quema al pasar por morón
uno con la del gallo maneja
su renoleta toda planchada
desde el centro de la tierra grita
"¡novias Mabel tiene vestidos
para toda ocasión!" y salpica magma
en su trucha fuerte está el agite
por gracia divina nuestra señora
del buen viaje me protege
de la chispa mala
cuando entro al furgón.
cuando bajo un floripondio
me senté a beber la tarde
en un salto desde el follaje
desplegó sus alas de enero
la torcacita aterrizó a mi lado
paseó brevemente en círculo
llegó su amiga, otra torcacita
de igual manera en un salto
desde las hojas por detrás
bailaron un momento las dos
una frente a la otra
ante un público atónito
enredado en el hechizo
de la danza de las torcazas.
la vereda está rota
una señora refunfuña
las baldosas flojas
esconden un charco
allá ni falta hacen
se camina por las casas
en el pueblo calles y casas
son la misma cosa
andar es entrar y salir
de un living antiguo.
Sobre un muelle descascarado
cuya madera tizna mis piernas
divisadero del río gualeguay
más allá toda la tierra
sus quintas bañadas
de un rosado fresco
dos o tres barcazas
de siesta se mecen
casi imperceptiblemente
ante la visita de los pájaros
en un vuelo afiebrado contrastan
con cada suspiro que damos
el agua y yo, la tierra y todos
tan diminutos, tan integrados
en un enjambre de olor a pasto
con yuyos y juncos mezclado el aroma
abajo del muelle es barro atrás
es más agua marroncita y plata
una zona entre selva y delta
donde todo es húmedo, incluso
estas manos que escriben
del reposo y de la tarde
en el verano de puerto ruiz.
la mirada
afuera del cuerpo
en las ventanas con sus cortinas
en los árboles
las tempestades al sacudir sus copas
en cada murmullo
y en la intersección
de los dominios del placer
en la contradicción inherente
a toda vida en este mundo
nada de afuera está inhibido
para emocionar
y ser poema
o romper como una ola
cuando lo llamo
y el mar contesta.
la olla de kimchi estaba vacía
¿qué puede ser más desolador?
¿una sábana rota? ¿luz blanca?
¿insert coin en los ojos?
el techo caerse no es peor
la rampa hacia arriba tampoco.
cuando un beso dan los jotes
con su canto primordial ensueñan.
rozando deshoja la mañana
de su rocío se baña el camino.
un bife
en el departamento
olor
salivación temprana
ruge
de vapor atrapante
la ciudad
comía un bife antes
esta noche
cocino dos bifes con arroz
pasas rubias
es un arroz tipo pilaf
almendra y nuez
sale bastante caro.
merecemos
hierro caliente carne.
Nuestros pies el agua del río marrón las baldosas rotas
-antes patios de conventillos, casas chorizo buyangueras
antes todavía de la fiebre amarilla, residencias de alta alcúrnea-
los juncos laderos de las canoas entre peces y zorzales
en un canto alegre como añoso y melanco, mejunje
este que somos de instancias breves, eternas de tan encaramadas
melodía para hacer bailar las ramas de un tilo que da sombra
y perfuma mientras en una raíz ensanchada ofrece asiento
más atrás otro árbol ya caído onduló su contorno
entonces listo para el refugio entrega recovecos
donde guarecerse del viento cuando golpea furioso.
somos orilleros en esta costa, costeros en esta orilla
alimañas del plata, persistentes al mojarnos la piel.
toda la ciudad se divisa en sus luciérnagas
sobre el telón de asfalto de las calles
la sombra en las montañas vigila
mientras me acerco y te ofrezco otro trago
podés venir cuando quieras, digo
después del trabajo, a desayunar
o de noche, a conversar y reír fuerte
no digo te voy a estar esperando
pero se entiende en un roce
la piel se eriza
las palbras salen solas:
todo este bar es para vos y para mi
la ciudad entera es para nosotros
para caminar y bailar sobre su piel
acariciar el empedrado cuando Almagro
corta el tránsito para vos y para mi
un almagro montañoso de ensueño
con veredas de terciopelo rojo
para nuestra marcha flotante.- digo
en ese momento te hago otro gintonic
no existe el pasado ni el futuro
todo es para siempre.
chillan las quenas en un baile desapunado
rodean el pensamiento en su nacer calmo
la marcha fue quebrada al dejar sendero
la juella, flor aymara, supo dar espacio
al estar andariego su capullo me resguardó.
río seco sin lluvia, bravo con tormenta
trajo al bajar tierra vieja, yuyos, cantos
en su idioma expresó filoso de noche
quieto de día: la acción ahora es la pausa
al arribo a buen puerto lo anuncia un retiro.
El silencio se rompe por el golpe de la herramienta
contra la materia en manos del trabajador matutino
sin voces el aire flota denso y húmedo de río
trayendo un aroma de otro siglo, el viejo frenesí
acompasado al pensamiento de ese pájaro
tan negro y tan posado en la copa del árbol
escolta un hogar calmado y con huellas
de los cuerpos de la noche anterior
sus pisadas y sus cantos, los bailes
locos a veces, suaves y en vaivén, otros
pero ahora es el camión que todo lo rompe
al ingresar en reversa en el recuerdo
de una tarde cuando nada fue posible
la época se impuso con todo su peso
histórico e instaló la lejanía, la soledad
en ese entonces no se veía claro, estaba ahí
mas de cerca es muy difícil verlo a veces
como el tren antes de irse y luego quedar
contra la pared apoyado sobre el ramal
el bolso en el suelo descansa en tanto
se vuelve a poblar la estación
así todo comienza, se pudre, termina.
fue tal el calor pero tibio
tanto el agrado, el relajo
madeja desenredada sobre la mesa
árbol crecido de mil tallos
pinzas suaves de sostén
los sabores los aromas
la música de trasfondo
hubo tanta radio que las palabras
me brotaron a borbotones un día
ya no pararon porque el mundo
se puso un espacio ancho
digno de ser amado
aunque horrible a veces
la batalla valía el esfuerzo
levantarse una y otra vez
a pesar de los golpes
siempre en bastidores
detrás de la escenografía
iba a estar como río
que nunca para
el sonido de su cauce
un arrullo permanente
orilla donde terminar
y empezar en otro
un país al que pertenecer
la patria chica, la patria grande
siempre ahí, un permanencia
que de tan agradable lo quise dar
en mis amores: maternar, acurrucar
dar pan abrazo beso
pero ahora que ya estoy grande
me doy cuenta madre hay una sola
entonces amo de otro modo
ya sin imitar ni ser reflejo.
ahora que su finitud es real
que la otra costa se empieza a divisar
siendo de nuevo hijo me dejo acunar
en el recuerdo de sus manos, el primer amor
crece el deseo de una risa profunda en mi
y siento una gratitud infinita.
ojalá todos tengan una mamá como yo tuve
a pesar de que tanto a veces no te entra ni se encuentra
porque la quise imitar, quise serlo también para otros
que otros sintieran esa cosquilla interna.
pero ya no más, ahora descanso
para que descanse ella también.
las personas escribimos las palabras
para que haya algún registro de esta vida
que es de por sí esquiva, fugaz y escapista.
no hay forma de capturar
un instante para siempre
si se carece de lenguaje
si es ajena toda escritura.
dicen: "a las palabras se las lleva el viento".
pero es esa tendencia al irse lo que las transforma
en una herramienta de lo más importante.
en un sueño el hombre
se ve en un verano tórrido
los brotes quebrados
la vista firme adelante
proyecta su desesperanza
vuelve a tropezar consigo
infinitamente reventado.
la rotura de la piel total
antecede una victoria
el amarre en un puerto
que ya no está
que nunca estuvo ahí
tras la niebla y el aire denso.
el cansancio doblega
la sien estalla
entonces despierta
abre la ventana
salta, triunfa,
rompe las cadenas de si.
bajo las luces amarillas
del bar la orquídea
un flaco pelilargo
muestra algo en su pantalla
a una chica de risa grande.
ella saca un labubu
lo suspende en el aire
para una foto más.
¡estamos todos tan cerca!
en el bar la orquídea de almagro
somos íntimos, nos olemos.
veo por ejemplo tu emoción
al conversar con esa amiga
después de tanto tiempo.
no hay miedo sino
charloteo y análisis
de temas urgentes.
todo acá en el bar
nos rebalsa de palabras
creamos un idioma
el aleph de los lenguajes.
un brote excesivo de fonemas
conforman un magma
que todo lo cubre
como una atmósfera
sobre la cual se recortan
cada una de estas vidas.
Así entonces
nace una zona
el territorio soberano
donde nunca estamos solos.
tantos hombres y mujeres
en calles teñidas de gris y agua
son el sentido de muchos espacios juntos.
todas las memorias confluyen
en este tiempo y en este lugar
no es mio ya pero lo traspaso
como una partícula más
de una cantidad sin número
incluso infinita de tanta fuerza.
un líquido que no puede sino
encontrar su cauce, ser uno
la materia con el movimiento
de todas las miserias y alegrías
toda la esperanza y el desencanto
las voces sobre las cuerdas
de las guitarras, las riberas regadas
de tonadas antiguas y nuevas
locas de amor, terriblemente reales.
Fuera de la culpa
y de la vigilancia:
la distancia se angosta
con el murmullo de las voces
el aroma del café flota
¡y la ciudad que no para!
afuera es tan fuerte
adentro está todo vivo
volví a Buenos Aires.
No recuerdo
cuando fue que me fui.
Sí recuerdo ahora
cada segundo de mi vida.
Voy a retomar
donde dejé
hace quince años
esta historia.
Ser de Buenos Aires
como una forma de amar la vida
la pasión por las llamas
que arden dentro de las personas
una fuerza bohemia, poética
la pulsión por la conversa
cada mesa un campo de batalla
lo damos todo en la discusión
pero bajamos la guardia para recibir
si acontece una apertura de corazón.
La comida, la bebida, la música
la política, el cine, el amor
la literatura, el buen gusto
la intención de dar a todos todo
sin idealismos ingenuos, con puro acto
con fe en las personas y confianza en la calle
el espacio público como área divina
sin placards ni escondites, ágora total.
A cualquier lugar se llega caminando
en una marcha donde fluye la conciencia
aparecen los pensamientos y se aclara el panorama.
¡Esto es Buenos Aires, cariño!
la tierra del encuentro
de los acontecimientos reales
cara a cara nos amamos y nos odiamos.
Nadie está prohibido acá
todos venimos de todos lados
aunque a veces el ruido aturde
siempre hay una voz para venerar.
afuera es la lluvia sin pausa
donde elijo ubicar mis palabras.
aparte de mi, lejos del cuerpo
cerca de todo lo que está mojado.
como ese sillón raído
y el empapelado que lo corona.
la vereda llena de pies
y el ulular de las sirenas.
los ojos que se cruzan
y se esquivan para siempre.
las calles río abajo
escoltadas por los tilos.
las antenas intermitentes
reciben ondas extemporáneas.
salirse del cuerpo inerte
único modo de pervivir.
al encuentro del silencio
el verso aparece solo.
lejos de la cárcel vieja
hecha de la propia carne.
Sorpresa: el olvido no había triunfado
la estela que dejó aquel verano
es como la de un barco de pescador
que con paso lento y firme dibujó
un surco todavía vivo hacia la orilla
de nunca morir porque siempre pasa
otro pescador, y otro, y otro.
Se mece el corazón
como el vaivén del río
y la canoa que lo atraviesa
al pasar de nuevo frente a mi
es como si fuera todos los barcos
todas las balsas y embarcaciones
que alguna vez trazaron su camino
por esta alfombra amarronada de agua
y de mañanas de sol y de nubes también.
vacíos de desengaño
pero nunca escondidos
curtidos de derrotas
pero nunca vencidos
a tope de heridas
igual hierve la sangre
duros de caídas
aún así nos re volamos
flacos ya del hambre
sin embargo en la cocina
nos sentamos a conversar
compartimos los brebajes
la risa, los enojos, las magias
el cuero duro pero sensible.
Cansados ya de añorar
por eso nunca olvidamos
miramos solo hacia adelante
atrás se quema el lastre
aunque secos de desamor
con más fuerza amaremos
porque la derrota es aceptar
la desidia el miedo el silencio
el tanque vacío la mano rota
que no puede darse toda.
No habrá sin mas
descanso ni consuelo.
No seremos ni de cerca
los rotos de la época.
El tiempo me envuelve, es un celofán
entonces quedo suspendido al ver la cúpula
un vez y otra vez alcanzo el vértigo, subo
entre los pies y el asfalto no queda nada.
Un colectivo dobla con apuro de lluvia
en ese momento se atasca la tierra en una mueca
emerge tu chaco natal ahora, ¡cuánto lo admiro!
siento la textura del mbejú recubrir esta cadencia.
de la humedad todo el día y la noche del quebracho
sos negra como una parte de la sangre que tengo
una cabellera densa, oscura como poncho terso
pienso que me arropa y retiro una pava del fogón.
si los ríos de arriba bajan todos para acá
los espero con la calma de quien intuye.
trae hacia el estuario la historia brava
que llevamos marcada en la piel al estrellar.
Si tu imagen se me aparece en duermevela
y quedo suspendido en los recuerdos
no es un martes más, es otro igual
a tantos días que la vida huele raro.
puede pasar que te cruce en el centro
y no seas vos pero igual te extrañe
aunque la calle te lleve lejos
y me detenga a mirar sin entender nada.
una canción de serú pasa volando
llorando en el espejo como ayer
qué le voy a hacer si solo es cantar
como susurrando a ver si te evoco.
no eras vos pero igual tenías
los ojos chiquitos por el frío
y la cara tapada por una bufanda
que te regalé para hacer las paces.
atrás de mi miopía y lo terco que soy
son sólo palabras simples las que tengo
sin fantasma ni explicaciones canto
entrampado en la añoranza, como un ratón.
En un segundo el sol estalla y me baña. Enlodado de su brillo se esparce sobre el suelo el recuerdo de los días vividos en otra vida. En una mano la cabeza, en la otra la muñeca. Porque todo tiempo pasado fue peor. Por eso bailo entre las plantas, besando sus hojas, mordiendo sus tallos, regándolas de sudor febril. Poseído, gualichado, lindo. Cada día es más corto que el anterior. No me alcanza la vida para dar todo lo que recorre mi tiempo. Un fuego a través de las arterias como un refucilo por los días, al amparo cruento y sexy de una existencia imposible sobre la superficie redonda de nuestra estrella. Desaturdido, ahora que el olvido trabaja como el viento la piedra. El tiempo de la fiesta permanente comenzó y hace lugar a rituales paganos de purificación. Estas son sus palabras, este su idioma, estas las bocas que besa, este es el metal que marca la piel. El sol que estalla y me baña imprime su fuego en la sangre a través de cada golpe. Este, su testamento.