Los árboles de una ciudad hablan
aún cuando viento de tormenta
los despoja de sus hojas dedican versos
son el último empeño del arrepentido
antes de la traición, el momento oscuro
la divagación aparente de los cometas
al salir a dibujar el cielo cuando nadie
los mira o tal vez algún científico anciano
pasado de rosca en un observatorio voraz
nada del cielo le es ajeno entonces como
a la mirada hacia abajo en el bar al instante
mismo de ver los ojos otros sobre éstos míos.