Me olvidé de decirte que
venía al trabajo en bicicleta
el mundo es precioso
esta vida es preciosa
cada señor en un banquito
en la vereda con el mate
cada mesa familiar
armada afuera en verano
para tomar el fresco
todo está tan roto
que brilla para siempre
en cada paso que doy
por el barrio me enamoro
de la forma de pronunciar
las palabras de la gente
esa música divina
suena todo el tiempo
me recuerda el fuego
encendido en mi pecho
no quiero más nada
que amar sin reservas
libre de especulaciones
amar sin miedo
de darle tanto al mundo
no tengo ninguna duda
voy a ser feliz para siempre.
esta tarde encontré hermoso al microcentro
hoy es el primer frío
me imagino como será
tu cuerpo a la mañana.
con clamor de futuro
y aliento ácido argentino
lo más lindo del mundo.
se cuece de noche
al calor del silencio
del corazón latiendo.
cuando la luz filtra
su magma de persiana
medio dormida la piel.
orienta su ecuador
hacia el otro trópico
una vuelta en romboide.
si sos yegua o caballo
me lo pude imaginar.
fuerte como nalgada de la vida
los implementos del centro
atrapados bajo la piel
a la sombra y sin embargo
presentes todo el tiempo
un cascabel al sonar, existe
una puerta al abrir o al cerrar
una vida existe cuando vive
de acuerdo a su propia verdad
el poema es tan visceral
como un chorizo tiene vísceras
o una morcilla sangre coagulada
¡deliciosa! si es vasca, mejor.
una paloma aplastada contra el asfalto
es igual de real que la yerba usada
tan solo los diferencia el daño
la rotura contiene su belleza.
si puedo escribir este poema
en una oficina sin ventanas
con luz blanca de quirófano
cambio el mundo, recupero
las malvinas, rompo
el maleficio, achico
la distancia, tuerzo
el destino, las circunstancias
ya son otras, alterando
el tiempo y el espacio
para atravesar la pared
de empapelado horrendo
y aterrizar en Río Grande
la noche del 1 de abril
en la vigilia con el fuego
sumergir los pies en hielo
hecho agua en el mar
sentir el calor del sur
toda vez que puedo
escribir este poema
en una oficina sin ventanas
de horrendo empapelado
y silencio de ausencias.
A Rodolfo Walsh
¿qué viste, Juan?
¿qué objetos pisaste?
¿tocaste huesos
espinas, redes rotas
divisaste la anchura
en toda su extensión
sentiste la sudestada
rugir con la fuerza
de todas las vidas
puestas en el frente
para cambiar el espacio
el lugar, el tiempo?
¿imprimiste tus huellas
en el fondo barroso
en el lechoso lecho
donde la bajante
desnudó el estuario
bravo y a caballo
fuiste barcaza
galopante?
¿dónde están
las palabras
robadas?
¿cincuenta años
es mucho?
¿o tan poco
que todavía
no llegaste
a la otra orilla?
dame una piña en la cara tierna
en la mirada con amor
dame un rebencazo
chuceame, troná escarmiento
escupí sobre mi cadáver
dame un diariazo en el hocico
tirame agua helada en la cama
a la mañana, antes del café
estirá mis pulgares
doblame las fauces
arrancame sin llave
rayame el auto
estacionado bajo la sombra
de una santa rita violeta
quemame la piel
con el fuego de tu mirada
enojada con el mundo entero;
mordeme, dejame marcas
que no se vayan nunca
inolvidables, haceme doler
latigá con un vendaval
y la lluvia de rugido
atronador de un verano
pesado bajo presión
cuando el cielo desciende
las nubes aplastan
las cabezas se chocan
unas con otras hasta ser
todo el barrio un lodazal
de cabezas estalladas
pisá las víceras, rompé
el silencio que ya no quedan
días por perder ni existe
ayer ni mañana, sólo ahora
este tiempo este momento
en que el dolor
es prueba de vida.
huesos que crujen de alegría
al caminar por la ciudad de La Plata
no será una domesticación del tiempo
porque es mio tu paladar fino
esta tarde nomás pero parece para siempre
tu andar elegante, tu porte esbelto
sobre el matungo que lejos de cargarte
te corona porque nada podés llevar debajo.
todo lo hermoso
del mundo es la aureola
una burbuja donde flota
tu paso acompasado.
Te encontré tirada
de conversa con la vecina
en la puerta del hotel travesti
de la calle Tucumán.
es el Abasto enfático
el abastáltico entramado
empedrado el corazón a todos
se nos rompió varias veces
y sin embargo acá estamos.
frente a frente me decís "¡hermoso!"
me decís "te amo grandote"
briosa de bailar canyengue.
no puede ser este el mismo mundo
en el que venía un minuto antes
medio chingado
con una santa fe pilsen
a pata desde el centro, acalorao
como vaca rumiando los problemas
Timbre del corazón
una gota y otra gota
sobre el lago quieto
circunda un alambrado
hecho de voces tórridas
de recuerdos de hielo
cada mañana es nueva
y al mismo tiempo
ya pasó y se hizo de tarde
esa hora del crepúsculo
parece susurrar palabras
hilvanando todo
envuelto en llamas
trémulo de amor
entro en el mar
para no salir jamás.
el mar que quiero
es áspero y frío
a veces golpea
el viento rompe
como las olas
contra la piel
la arena latiga
quema o lastima.
el mar que quiero
nuestro mar atlántico
endurece el cuero
no es dócil
como un resort
filo yanqui
del caribe
insignia del coloniaje.
no quiero un mar
entre algodones
tibio y sin olas.
quiero el mar argentino
sin superficies planas
reventado, desprolijo.
quiero un mar indómito.
bajo la negrura del bosque
de copas recortadas
sobre tantas estrellas
el vino derramado
entre las luciérnagas
un fermento dulce
perfume de etanol
mosto acariciado
de tus manos blancas
fue un instante
tan solo pero tanto aún
se expande en el recuerdo
parece interminable
como cada segundo de la vida
nada más existe para siempre.
el oeste es un acordeón
su fuelle es Rivadavia
el sarmiento se estira
cuando el sol rebota
quema al pasar por morón
uno con la del gallo maneja
su renoleta toda planchada
desde el centro de la tierra grita
"¡novias Mabel tiene vestidos
para toda ocasión!" y salpica magma
en su trucha fuerte está el agite
por gracia divina nuestra señora
del buen viaje me protege
de la chispa mala
cuando entro al furgón.
cuando bajo un floripondio
me senté a beber la tarde
en un salto desde el follaje
desplegó sus alas de enero
la torcacita aterrizó a mi lado
paseó brevemente en círculo
llegó su amiga, otra torcacita
de igual manera en un salto
desde las hojas por detrás
bailaron un momento las dos
una frente a la otra
ante un público atónito
enredado en el hechizo
de la danza de las torcazas.
la vereda está rota
una señora refunfuña
las baldosas flojas
esconden un charco
allá ni falta hacen
se camina por las casas
en el pueblo calles y casas
son la misma cosa
andar es entrar y salir
de un living antiguo.
Sobre un muelle descascarado
cuya madera tizna mis piernas
divisadero del río gualeguay
más allá toda la tierra
sus quintas bañadas
de un rosado fresco
dos o tres barcazas
de siesta se mecen
casi imperceptiblemente
ante la visita de los pájaros
en un vuelo afiebrado contrastan
con cada suspiro que damos
el agua y yo, la tierra y todos
tan diminutos, tan integrados
en un enjambre de olor a pasto
con yuyos y juncos mezclado el aroma
abajo del muelle es barro atrás
es más agua marroncita y plata
una zona entre selva y delta
donde todo es húmedo, incluso
estas manos que escriben
del reposo y de la tarde
en el verano de puerto ruiz.
la mirada
afuera del cuerpo
en las ventanas con sus cortinas
en los árboles
las tempestades al sacudir sus copas
en cada murmullo
y en la intersección
de los dominios del placer
en la contradicción inherente
a toda vida en este mundo
nada de afuera está inhibido
para emocionar
y ser poema
o romper como una ola
cuando lo llamo
y el mar contesta.
la olla de kimchi estaba vacía
¿qué puede ser más desolador?
¿una sábana rota? ¿luz blanca?
¿insert coin en los ojos?
el techo caerse no es peor
la rampa hacia arriba tampoco.
cuando un beso dan los jotes
con su canto primordial ensueñan.
rozando deshoja la mañana
de su rocío se baña el camino.
un bife
en el departamento
olor
salivación temprana
ruge
de vapor atrapante
la ciudad
comía un bife antes
esta noche
cocino dos bifes con arroz
pasas rubias
es un arroz tipo pilaf
almendra y nuez
sale bastante caro.
merecemos
hierro caliente carne.
Nuestros pies el agua del río marrón las baldosas rotas
-antes patios de conventillos, casas chorizo buyangueras
antes todavía de la fiebre amarilla, residencias de alta alcúrnea-
los juncos laderos de las canoas entre peces y zorzales
en un canto alegre como añoso y melanco, mejunje
este que somos de instancias breves, eternas de tan encaramadas
melodía para hacer bailar las ramas de un tilo que da sombra
y perfuma mientras en una raíz ensanchada ofrece asiento
más atrás otro árbol ya caído onduló su contorno
entonces listo para el refugio entrega recovecos
donde guarecerse del viento cuando golpea furioso.
somos orilleros en esta costa, costeros en esta orilla
alimañas del plata, persistentes al mojarnos la piel.