parado en un pie
sobre la felicidad
al ver el mar
en invierno
¿qué podrías hacer?
¿imitar una ola?
¿bailar en la arena?
¿enciender la turbina
del querer atolondrado?
estoy muy enojado
me gustaría romper cosas
por ejemplo ese cartel
que anuncia con alegría
la venta de un médano
destruir con un palo
la luneta de un auto cheto
sin personas adentro
imaginarme sus cuerpos
felices al rugir el motor
en medio de la ruta desolada
así de enojado como para
hablar solo a los gritos
con énfasis en las palabras
sin un hilo que las conecte
si alguien las escucha al pasar
como grillos un poco aislados
suenan cuando uno camina
por un terreno baldío
para atravesar la manzana
por dentro y sus entrañas
huelen a pasionaria y salvia
cuando mis pisadas hunden el pasto
mientras cae la noche de verano
y corro escapando de la policía.
ir y venir
del mozo de la gente en la ventana
de los ojos del recuerdo del cielo
se nubla se despeja en un segundo
ir y venir
del mundo tan solitario sin embargo
atestado de gentes y perros y gatos
entre las mesas se abre un refugio
ir y venir
el de las bombas, los taxis y vecinos
olor a café en el aire cubre la piel
el pensamiento se abre como el camino
ir y venir
estamos a salvo ya, no temas pipistrella
acá la guerra no llega y podemos mirar
estos ojos taciturnos que se despiertan
en el bar, solamente en el bar, por amor.
los jejenes marcan las piernas
en lo que parece un límite
y sin embargo un minuto más
se ven como un disparo
las marcas de sus dientes
son una señal de largada
impactos de balas de salva
dicen es el momento
de abandonar la directriz
marcada por la carencia
la ley y el orden llevan
en sí la falta, un hueco
sin fondo, la vida castrada
se terminó con las picaduras
de esos insectos prácticamente
invisibles que dicen tirate al río.
la cudad vieja estaba
más vieja aún en el recuerdo
y el río en la otra orilla
más calmo, como un sapo
no alerta como un gato
tal de este lado suele verse
orientales, la patria o la tumba
callejuelas del milagro
de olor a río, de besos largos
siempre bajo la sombra
del carnaval que se fue
o del que todavía no llegó.
aún en la adversidad:
no dejar de picar las piedras
trabajar todos los días
de soplidos se hace un viento
empuja algo sin saberlo
avanza hasta donde pega el sol
en la vera oriental creció
un nuevo amor y como todo
lo que se ama es para siempre,
como un pétalo que cae muere la tarde
ya desprendida del día se escurre
verla partir es un momento indetenible
una muerte de una belleza absoluta
un arroyo ya seco está desnudo
muestra su final como un horizonte
el sol se recuesta naranja al fondo
pequeños humos densos lo esconden
¿pueden los días resbalarse de la vida
y un bambú admirarlos sin retorno?
parecen tan lejos los idiomas
de una patria clausurada
si se la recuerda vive por siempre.
al entrar a la casa
vio la maceta de cerámica
con sus motivos marrones y amarillos
"tanto tiempo en el mismo lugar"
pensó, mientras la miraba con fuerza.
entonces la estalló contra el suelo.
así fue como entendió
que las personas pasan por la vida
para rellenar los sueños futuros.
la tierra y los pedazos de material
expandidos sobre el living del departamento
lo hicieron pensar en el mar cuando hace frío.
tomó la ruta hacia la costa
sin limpiar el desaguisado de tierra
y raíces rotas, desparramadas como palabras.
al volver, días después,
intentará reconstruirlas todas
al escribir un poema una mañana nublada.
un guante negro de látex
con postura de abandonado
en una vereda de buenos aires
cuando el viento lo desplaza
imita una mano en su hueco
pero no le sale bien
y en una danza boba
baila a lo bruto
como murciélago
la huella de la mano ausente
se dibuja sola entre la basura
y pronuncia el vacío tremendo
en el cobre aniñado del dinero
un rombo apenas humano, fatal;
en ligazón de dos piezas plásticas
se deshace el nido de un pájaro azul.
no traigo la lanza conmigo
tampoco el escudo
sólo un caminante random
ataviado de fiesta
revelación ecuestre: cabalgar
hasta tan lejos estás cada día
empieza y termina como si nada
pudiera detener esta marcha
acuosa, invernal, atávica
de animal forajido, tiesto
en un pensamiento como graznido
digo tu nombre una y otra vez
es un espejismo, un recuerdo vago
tímido mar lozano de fuego
donde carbonizado nadé tanto
hasta morir del todo y nacer
otra vez en el vientre
de nuevo un niño, aprender
todas las cosas y los lugares
crecer hasta no entrar
en los zapatos ni en el mundo
de dolor y de amor está hecha la vida
sea un pájaro, un agapanto o un hombre
condenado a una entrega tan sin medida
que solamente alguna diosa pagana
guarda en su vaina tal fuerza recíproca.
un desierto no tiene más que un solo camino
tan ancho como el mundo, profundo como el horizonte
la tierra se aja mientras ansía la lluvia
únicamente resta caminar sin pausa
hasta divisar las aves y los brotes pequeños
los perfiles de las montañas a lo lejos
irán volviéndose nítidos algún día
aunque despues volvieran a cubrirse
por una bruma que recuerda al dolor.
el olvido es una máquina más
del capitalismo tardío, otra tecnología
disponible para uso por necesidad o por cobardía.
sin los ríos este mar queda vacío
en el fondo solo quedan tiernas tormentas.
¿qué es lo que había por la mañana
en el borde de la ventana a nuestro costado
pero del lado de afuera, con el mundo?
¿un puente de sol, un río torvo?
nunca he de olvidar ese aire
espesado por la trama densa
de tus sueños turbulentos.
a mi lado te estremecías
frente a alguna tragedia
y yo sólo quería ver
tu sonrisa grande, aún dormida.
todavía hoy no puedo
dejar de buscarla
los primeros minutos
de algunos días.
tres semanas sin ver sol
el tiempo de las rosas terminó
aplacó el rastro impreso
en la historia este viento
nada más repta por las nubes
se filtra una luz débil
mueren las plantas
los animales los humanos
al final las apariciones
veladas en los sueños
en la humedad de la noche
son todo el resto del día
sin más palabras roza
una piel los dedos
para erizar en parte
trazos de vida, cuencos
trastos cacharros tinajas
todo lugar donde repose
algo de un espacio roto.
los árboles de una ciudad hablan
aún despojados de sus hojas
tras los vientos de tormentas
dedican versos, son el último empeño
del arrepentido antes de la traición
el momento oscuro, la divagación aparente
de los cometas al salir a dibujar el cielo
cuando nadie los mira o tal vez algún científico
viejo y pasado de rosca en un observatorio voraz
nada de lo de arriba le es ajeno entonces como
a la mirada hacia abajo en el bar al instante
mismo de ver los ojos otros sobre éstos míos.
son los canoeros operadores mágicos
poetas del agua que empujan el tiempo
con cada remada una palabra más
explota suave en el agua marrón
sobre la orilla la espera se supende
en ese lugar no hay pasado
tampoco mañana existe nada más
que el río está porque se mueve
el canoero y su poesía dicen.
la mirada lo acompaña en la tierra.
las palabras son el remo
la poesía es el río
el poeta canoero.
soy rioplatense
soy como el rio
que corre sin prisa
ni pausa
llega a todos
sacía su sed
los alimenta
sin distinción
sin esfuerzo
encuentra su cauce
porque viene de lo alto
y tiende hacia abajo
todos lo beben y se van
pero tarde o temprano
vuelven al río
sin que el río los llame.