Levanté la mirada hacia lo lejos
justo te asomaste por la ventana
dijiste hola y entraste hacia atrás.
Llegó un colibrí enseguida
que con su aleteo frenético
quedó suspendido en el exacto
punto mediano entre vos y yo
después se fue, vivo, contento.
Levanté la mirada hacia lo lejos
justo te asomaste por la ventana
dijiste hola y entraste hacia atrás.
Llegó un colibrí enseguida
que con su aleteo frenético
quedó suspendido en el exacto
punto mediano entre vos y yo
después se fue, vivo, contento.
Qué hacer
con este tiempo muerto
más que perderlo.
mirarlo irse
como el fluir de un río
confiar en su cauce.
morirlo y duelarlo
en ceremonia silenciosa
pedazos de la rutina.
caminar sin detenerse
hasta no sentir los pies
olvidarse del camino.
si es un tiempo
que está muerto
sólo se lo puede perder.
si es un muerto
que está muriendo
sólo se lo puede dejar morir.
en silencio y sin tristeza
distraído en los quehaceres
mientras cae por su propio peso.
y después el duelo
a matar o morir
contra la muerte.
Solo vine para decirte que
aprendí muchas cosas
tantas que ya no sé
porque son honduras
incorporadas a la rutina
de mis movimientos automáticos.
En el hacer algo con un objeto
en el ir y venir por la casa
al agarrar una cosa y cambiarla de lugar
aún sin desear algo o deseando todo
una melodía más del repertorio
fragmento del conjunto, susurro del cuento.
El trayecto es la zona del rodado
¡de acá hasta allá! ¡de un punto a otro!
me derrito sobre las calles al pensar
en desencuentro de una síntesis.
No sorteo la contradicción
entro en ella con todo el cuerpo
el corazón en la mano, la vida en llamas
reviento la cabeza contra sus paredes.
Empiezo a caminar de día y termino de noche
bajo el farol está el descanso y un vaso de agua
algo de calor, un beso, la conversación.
la palabra no es solitaria: está hecha de murmullos.
en un intento por des
va ne
cerme
busco disipar la imagen de niña
triste
de mi sueño
apenas antes el sol
hizo cosquillas para despertarme.
la conjunción de la imagen
de si
con la imagen
de mi
nos vuelve niños
que regresan
en un sordo movimiento.
como espasmo un gesto
para sortear
el costado áspero, la zona espinosa:
no quiero
volver
a niño otra vez.
la fantasía es
deseo
cuando se sueña
con la mirada
hacia adelante
si mañana es un espacio posible.
solo tengo el impulso
firme
de caer
y chocar
y golpear
me
de herir
me
y sangrar duro.
el brote es
el principio
del final,
y termina
por darme
un mareo tonto
me ayuda a dejar de pensar
y dormir.
por eso quise des
va ne
cerme
romper al niño triste
y descansar
cuando el día
lo baña todo.
las mesas, las familias: afuera de las casas
las veredas ocupadas la ciudad un living
a resguardo del calor y de los secretos
una noche de verano en la capital.
abuelas, adultos y nietos que se mezclan
no se sabe bien quién parió a cada cual
¿es un vecino o es un hermano?
todo puede pasar en la capital.
al bajar de la montaña hacia el valle
el rumor de las conversaciones sube
de a poquito un viento sonda habla
y dice palabras carnosas como aceitunas.
oliva es la piel también y bajo las estrellas
resplandece a una velocidad amainada
el surco del camino es sinuoso, baila.
Atrás de todo las montañas duermen.
La ciudad ya despertó de la siesta
es momento de cenar en la vereda
la vida deja de tener miedo y comparte.
las cosas que pienso en la orilla
son palabras fugaces, a veces aisladas.
chocan unas con otras entonces las arrojo al mar
la espuma se lleva lo roto y trae algo nuevo.
pienso en irme a La Rioja el miércoles
quisiera encontrarme rostros distintos al mío.
rasgos norteños y pieles curtidas por el sol
dialogar con alguien en la siesta de la sombra.
que mi calavera sea una ñatita en un cofre
y salga a bailar cada 8 de noviembre, con sombrero.
reconstruir la historia andina que pensé la noche de muertos.
Hacer la cama
de manera lenta
sin pensar
en la última vez
que toco esa tela.
Estirar los bordes
aplanar los dobleces
en tanto el sol se filtra
e ilumina mis manos.
Dejar todo ordenado
por última vez:
un gesto de amor
para ser justo
con la historia.
Sujetar con calma
las sábanas que
durante seis meses
pagaré sin saber.
Baja la callecita pegada al río
con su viejo ciego y sus perros
y el kiosco polirrubro de la chica
Son tierras cargadas de humedad
toda vida es candente y nunca sobra
las personas son lindas bajo su sol
Mece mi cuerpo el atardecer
para atravesar puertas invisibles
con un ánimo curioso y subfluvial.
Entre las manos hay un olor a madera
es la leña quemarse suave como canoa
al tiempo en la pileta flota un gato muerto.
Aturden y emocionan
este tímido pescuezo
cosas raras, desaguisados.
Suben por estos guesos
recuerdos de la neblina
los camiones del otro carril.
Las luces rojas de freno
confundidas con el agua
de la lluvia de San Juan.
Siempre delante, lo mejor;
atrás, los calvarios
hechos carne, vueltos piel.
No es un engaño: es la fe
en la fuerza de mi abrazo
como mojón, hace camino.
Los pies clavados en un mantel de agua
el tiempo impreso en la madera cascada
oblicuo entre tanto alboroto litoral
convida su siesta el muelle del sur.
Se adivina el barro del fondo
la sensación de los dedos se hunde
quiebra algún junco entre espinas
y latas oxidadas en su ajetreo.
Cuentos viejos esperan
unas manos para escribirlos.
Canta la memoria
y en el medio, el tiempo
áspero y dulce en el mismo momento.
Una imagen perdida
irrumpe proyectada y nítida dice
cómo hubiera sido cada día si.
Esa montaña, aquel arcoíris
los vimos juntos en otra vida.
El canto elástico de tierra mojada
y la luz filtrada de Almagro en la piel.
Un follaje denso emerge siempre
aún frente al silencio del secreto.
Susurro cabizbajo, tierra feroz
para dejar unas pisadas rotas.
El tiempo, que pega lindo
en verano porque las estrellas
son tapiz, rompe el aire
destraba
todo.
Mientras la ruta silba
cauta como pena
los pies se hunden
en un pasto crecido
sin final.
(Dedicado a Fernando Noy)
El tema de los versos
tiene que ser una jirafa
un cartero
un sol reventado
el sonido de los géisers
en Tritón al estallar
una orquesta flaca
un funeral de ciegos
un barrio que sale a protestar
porque hace frío y no hay luz.
Pero el tema de los versos
nunca puede ser
el agujero del miedo
ni un amor débil
ni la tristeza tonta
de verse en el espejo.
En el discurrir del día en Chacarita
escucho sonidos que no sé
si son los habituales traqueteos de una ciudad
o vienen de otro tiempo y lugar.
Parece un lenguaje incierto
ruidos de algo más allá
donde no alcanzan mis pasos ingenuos.
Si el barrio de muertos está tan a la mano
que pueden los de la fiebre amarilla
comer una napo de parado en Imperio
o comprar chipa para la merienda
a la paraguaya Silvya en la puerta
de la Mutual Sentimiento.
Zona de fronteras, Chaca
divisora del campo y de la ciudad
de la vida y de la muerte.
De un lado y del otro
mi amor se hamaca.
El calor se filtra por cada espacio
del aire denso y la tarde pide lisos
en la costanera de Santa Fe
pienso en cada trago que daría
con agotamiento y estupor
al verte tan linda junto al Paraná
te busco por el docke
y en las calles de villa inflamable
respirando aire endemoniado
regado de vino de la costa.
me dijo ale que bailabas en la barra
cuando atracaban los cargueros
y te montabas a los gringos
en los cuartitos del fondo.
esos billetes europeos
depositados en tu cuenta corriente
de río y de tierra mojada:
una expropiación ardiente.
imaginarte en el Marine
una noche de verano
bajo las estrellas de avellaneda
encendió los motores de mi nave
y ya no pudo parar hasta tu puerto
dársena histórica, morocho muelle.
ojalá algún día te encuentre
y me dejes invitarte una ginebra
en el bar de la alejandra
oh, negra kalifornia
diosa portuaria
concedeme este deseo
a cambio de mi ofrenda de sangre.
El auto descansa
bajo la sombra de un árbol
como un guerrero viejo
tras mil batallas terrosas.
Está quieto y está sucio
en la entrada de un terreno
perdido en las inmediaciones
de la ciudad de La Plata.
Lo miro y pienso
en el fluir de la ruta
esa línea móvil
despliega el pensamiento
y así permite
que no se atasque
sobre sí mismo.
Veo entonces
todos los caminos que pisó
a bordo suyo rodó mi cabeza
encendida en chispazos
bailando en recovecos
desembotellada de tristeza.
me persigue la sombra de otro mundo
parecido pero no, como el devenir tonto
de la correntada crecida por la tormenta;
si le converso me mira estrábico y desconfío
si le silencio su sombra crece y el frío arrasa.
voces de la verdulería me anclan a tierra
son gritos que evocan sustancias mágicas:
"¡Lechuga!" "¡Zanahoria!" "¡Remolacha!"
apenas distingo el runrún de los motores
en la lenta muerte de una tarde de verano.
como guerrero extemporáneo
sin dureza en la armadura
se estremece mi corazón idiota.
no sabe ensayar despedidas
menos aún de no romperse
y volverse a armar
y volver a romperse.
como mosca va directo al fuego
encendido en un vuelo kamikaze
decide ignorar su destino
desconocer la inexistencia
de los besos sin final.
como máquina de palabras
programada para hablar
sin descanso y aún así
nunca decir nada.
En el filón de un río serrano
acapara mi atención un pájaro
inmóvil me mira como preguntando
y ese enigma despierta una dedicatoria:
"gracias por abrirme tu corazón arremolinado;
perdón por la angosta espesura de lo que traigo puesto"
Una mañana de calor tímido
desperté en el barrio Juniors
entre torcazas y jilgueros
de radiantes cantos con tonada.
Las sierras están cerca
de mi corazón, que se fugó
hacia la fuerza vieja, otra vez
entre dientes silbo una decisión.
Estoy en tu casa sin vos
te fuiste a trabajar y todo está bien.
Una chata de compraventa ruge abajo
y el aire entrecierra este hueco hondo.
tu cuerpo es un campo minado
y estas botas ajadas sólo saben explotar.
posar una palabra en un oído
esgrimir un abrazo ocre
impide bailar cuando suena la música.
prefiero las palabras al silencio
pero el silencio a las palabras esquivas.
las explicaciones son para salir del paso
lo único verdadero es una forma de construir.
Ahora que la lluvia es ácida y quema
las llanuras interminables nos separan
cuando el corral está abierto y partieron
las manadas en busca de algo incierto
hoy que tu pecho está atento y no sabe
si algún día una crianza beberá de sí
en el momento del hilo tenso que une
de tan frágil, invisible y ausente
silencioso como una siesta, irreal
este día las huertas dan cosecha
y noviembre se despereza frugal
ahora hay jazmines en el barrio
y el perfume está en cada esquina
separémonos para siempre total
ya sabemos que siempre no existe.
La poesía sobre el amor
desgarra cuando se escribe
duele tanto que sale mal.
Por ejemplo:
no sonaba nada bien
en esa tarde fría y cruel
cuando reventado escribí
un silencio imposible.
Pero después corre película
y como a todo lo bueno
a la poesía sobre el amor
el tiempo la mejora.
Delgados los árboles se mecen
con el viento de la tarde
que se hace noche y los grillos
susurran su canto imperfecto
como cada abrazo del bosque
con sus gatos y liebres furtivas
conversan en silencio entonces
un cielo prístino suda estrellas
en un nuevo e incesante latir.
El final ya ocurrió
como las aguas en un desierto blanco
como tierra reseca en el océano
pasó hace tanto sin dejar rastro
implotó toda comunidad y ahora
está de moda la soledad.
Pero el apocalipsis decepciona
y la vida recomienza cada vez.
La militancia on line dice:
no sos más que una mercancía.
La militancia real dice:
nada más revolucionario que amar.
Romper el maleficio postcapitalista
enamorado de sí mismo, pasado de no future.
Reventar las pupilas en cada encuentro
profundizar el modelo de lo divino acá nomás.
Me niego a vivir entre gente quebrada
y relacionada con el mundo
de modo meramente instrumental.
La tarde revienta entre mis manos
y una pincelada de fuego baila gris;
para volver primero hay que ir
aún sin saber dónde sin mirar atrás
porque en cada pájaro roto en silencio
estallaron plumas sobre el asfalto;
no quedan allí las templanzas duras
ni anudadas resuenan las cuerdas
una vez toda vez todavía un cuento
se dice de boca en boca, como el amor.
Gusto del río
acaso de tan inasible.
Me permite ser frágil
como un ciruelo deshojado.
Labrado por el tiempo cruel
hunde raíces en una orilla otra.
Algún día daré sombra
al viajero cansado que soy.
No existís, sos un fantasma
sin embargo yo, tan apegado a las costumbres
insolvente en el proceder, cuesta abajo
ruedo sobre tu piel imaginaria
raspo cada tramo de mí temiendo
aquella falta y dibuja un cráter dulce
de crueldad infinita como el deseo.