El calor se filtra por cada espacio
del aire denso y la tarde pide lisos
en la costanera de Santa Fe
pienso en cada trago que daría
con agotamiento y estupor
al verte tan linda junto al Paraná
El calor se filtra por cada espacio
del aire denso y la tarde pide lisos
en la costanera de Santa Fe
pienso en cada trago que daría
con agotamiento y estupor
al verte tan linda junto al Paraná
te busco por el docke
y en las calles de villa inflamable
respirando aire endemoniado
regado de vino de la costa.
me dijo ale que bailabas en la barra
cuando atracaban los cargueros
y te montabas a los gringos
en los cuartitos del fondo.
esos billetes europeos
depositados en tu cuenta corriente
de río y de tierra mojada:
una expropiación ardiente.
imaginarte en el Marine
una noche de verano
bajo las estrellas de avellaneda
encendió los motores de mi nave
y ya no pudo parar hasta tu puerto
dársena histórica, morocho muelle.
ojalá algún día te encuentre
y me dejes invitarte una ginebra
en el bar de la alejandra
oh, negra kalifornia
diosa portuaria
concedeme este deseo
a cambio de mi ofrenda de sangre.
El auto descansa
bajo la sombra de un árbol
como un guerrero viejo
tras mil batallas terrosas.
Está quieto y está sucio
en la entrada de un terreno
perdido en las inmediaciones
de la ciudad de La Plata.
Lo miro y pienso
en el fluir de la ruta
esa línea móvil
despliega el pensamiento
y así permite
que no se atasque
sobre sí mismo.
Veo entonces
todos los caminos que pisó
a bordo suyo rodó mi cabeza
encendida en chispazos
bailando en recovecos
desembotellada de tristeza.
me persigue la sombra de otro mundo
parecido pero no, como el devenir tonto
de la correntada crecida por la tormenta;
si le converso me mira estrábico y desconfío
si le silencio su sombra crece y el frío arrasa.
voces de la verdulería me anclan a tierra
son gritos que evocan sustancias mágicas:
"¡Lechuga!" "¡Zanahoria!" "¡Remolacha!"
apenas distingo el runrún de los motores
en la lenta muerte de una tarde de verano.
como guerrero extemporáneo
sin dureza en la armadura
se estremece mi corazón idiota.
no sabe ensayar despedidas
menos aún de no romperse
y volverse a armar
y volver a romperse.
como mosca va directo al fuego
encendido en un vuelo kamikaze
decide ignorar su destino
desconocer la inexistencia
de los besos sin final.
como máquina de palabras
programada para hablar
sin descanso y aún así
nunca decir nada.
En el filón de un río serrano
acapara mi atención un pájaro
inmóvil me mira como preguntando
y ese enigma despierta una dedicatoria:
"gracias por abrirme tu corazón arremolinado;
perdón por la angosta espesura de lo que traigo puesto"
Una mañana de calor tímido
desperté en el barrio Juniors
entre torcazas y jilgueros
de radiantes cantos con tonada.
Las sierras están cerca
de mi corazón, que se fugó
hacia la fuerza vieja, otra vez
entre dientes silbo una decisión.
Estoy en tu casa sin vos
te fuiste a trabajar y todo está bien.
Una chata de compraventa ruge abajo
y el aire entrecierra este hueco hondo.
tu cuerpo es un campo minado
y estas botas ajadas sólo saben explotar.
posar una palabra en un oído
esgrimir un abrazo ocre
impide bailar cuando suena la música.
prefiero las palabras al silencio
pero el silencio a las palabras esquivas.
las explicaciones son para salir del paso
lo único verdadero es una forma de construir.
Ahora que la lluvia es ácida y quema
las llanuras interminables nos separan
cuando el corral está abierto y partieron
las manadas en busca de algo incierto
hoy que tu pecho está atento y no sabe
si algún día una crianza beberá de sí
en el momento del hilo tenso que une
de tan frágil, invisible y ausente
silencioso como una siesta, irreal
este día las huertas dan cosecha
y noviembre se despereza frugal
ahora hay jazmines en el barrio
y el perfume está en cada esquina
separémonos para siempre total
ya sabemos que siempre no existe.
La poesía sobre el amor
desgarra cuando se escribe
duele tanto que sale mal.
Por ejemplo:
no sonaba nada bien
en esa tarde fría y cruel
cuando reventado escribí
un silencio imposible.
Pero después corre película
y como a todo lo bueno
a la poesía sobre el amor
el tiempo la mejora.
Delgados los árboles se mecen
con el viento de la tarde
que se hace noche y los grillos
susurran su canto imperfecto
como cada abrazo del bosque
con sus gatos y liebres furtivas
conversan en silencio entonces
un cielo prístino suda estrellas
en un nuevo e incesante latir.
El final ya ocurrió
como las aguas en un desierto blanco
como tierra reseca en el océano
pasó hace tanto sin dejar rastro
implotó toda comunidad y ahora
está de moda la soledad.
Pero el apocalipsis decepciona
y la vida recomienza cada vez.
La militancia on line dice:
no sos más que una mercancía.
La militancia real dice:
nada más revolucionario que amar.
Romper el maleficio postcapitalista
enamorado de sí mismo, pasado de no future.
Reventar las pupilas en cada encuentro
profundizar el modelo de lo divino acá nomás.
Me niego a vivir entre gente quebrada
y relacionada con el mundo
de modo meramente instrumental.
La tarde revienta entre mis manos
y una pincelada de fuego baila gris;
para volver primero hay que ir
aún sin saber dónde sin mirar atrás
porque en cada pájaro roto en silencio
estallaron plumas sobre el asfalto;
no quedan allí las templanzas duras
ni anudadas resuenan las cuerdas
una vez toda vez todavía un cuento
se dice de boca en boca, como el amor.
Gusto del río
acaso de tan inasible.
Me permite ser frágil
como un ciruelo deshojado.
Labrado por el tiempo cruel
hunde raíces en una orilla otra.
Algún día daré sombra
al viajero cansado que soy.
No existís, sos un fantasma
sin embargo yo, tan apegado a las costumbres
insolvente en el proceder, cuesta abajo
ruedo sobre tu piel imaginaria
raspo cada tramo de mí temiendo
aquella falta y dibuja un cráter dulce
de crueldad infinita como el deseo.
Al cerrar los ojos
echado sobre el pasto
te imagino desparramada
en algún lugar de Berlín.
Los dedos en llamas
la cara suavecita
bebiendo sol europeo
fauces de cuero porteño.
Tocaste tus cumbias
penaste tus penas
subiste esos cerros
empiojados remil.
Ahora es tu tiempo
los días son para vos
la fiesta remendada
pencas con oliva
y limón de desayuno
como en la fiaca postal
nuestro trailer destartalado
en el Río Bermejo
¡tanto calor!
la vida una sopa verde
pero a la mierda con todo.
De los manantiales caudalosos que empañan la mirada
de sólo pararse en las proximidades y cantar bajito
recojo algunas gotas nomás para frotarme las manos
despegar así la tierra y el moho de tantos años luz.
Emprender el regreso a un lugar donde nunca fui
es como lamer un zapato al sol o besar un perro hosco
en la turba bajo mi andar se muele el amor en polvo
lo veo acumularse a la vera del camino, huele fresco.
La fantasía es divina pero la vida es otra cosa:
un mosquito dudoso de picar, la lanza desafilada;
detonado entonces llega el tiempo de las truecas
fluir la sangre en un drenaje lento del sarro.
Cada vez el pus es menos hedor, pienso en tanto
las plantas bailan al ritmo de la corriente.
Al bajar a tu orilla oscura
llego al río marrón que besa
el barrio conurbano de la memoria
justicia poética no haber olvidado
el aliento a cedrón del patio en las tardes
cuando la vida se festejó y un murmullo
de pesca del día subió desde la costa
tan cerca de vos que me aturde, pero bien.
Terraplén del olvido
tueténos en la sangre empiezan a sonar como una ambulancia perdida en la noche
sosegado el ramo de besos, ofrenda de un corazón atolondrado.
En el muro levantado sobre la pintona ilusión apoyo una macetita
la sal del mar la traigo pegada en la piel
bestia dulce me saluda en la mañana y baldea la vereda de mi aldea.
Pienso: tal vez el cuerpo me quede chico algún día al volver
del puerto flotante donde amarran tus orejulis y estalle en medio del bondi
haciendo un enchastre tan lindo que ya nada más importe.
El río donde se baña mi espera es de llamas
láminas azules de un fuego pleno en la piel
quiebres del corazón hacen ruido de monte
con manos fugaces me doy trampas dóciles
puerto y no tiene muelle, amor y sin cuerpo
trastabillan las noctilucas si salgo a fumar
entonces me duele el aire de sólo entrar
a pesar de ser este Juan, tan escueto a veces
uno de cuerpo largo y fino, con olor a cebolla
en los dedos para siempre, rompen las olas
una detrás de otra para siempre también
de tanto romper forman mar y me pregunto
si de tanto querer formaremos montaña
una tarde de esas cuando la dulzura se astilla.
Se murió Alberto, el bicicletero.
La última vez que lo ví lo noté medio hecho mierda
su local estuvo cerrado semanas
yo puteaba porque no podía arreglar la bici
(el otro bicicletero del barrio, Lucas, es medio boludo,
cobra caro y te lo tenés que fumar haciéndose el capo).
Hace cosa de un mes ví el local abierto y fui
le pregunté cómo estaba y me dijo que anduvo mal
pero ya estaba bien, que había bajado
la cantidad de vino con la cena,
y me mandó a comprar dos paquertes
de puchos al kiosco de Nazca y Del Carril.
No pude decirle que no.
Esta mañana pasé y había una cartulina
pegada en el vidrio mugriento de bicicletería.
Una letra extraña -algunas palabras enormes
otras chiquititas, todo inclinado como cayendo-
decía: "Albeto falleció. El velatorio es en la capilla
de Chacarita a las 12 horas del 6 de julio".
6 de julio fue ayer.
todos los días me debato
entre dos o más opciones
me desdoblo como el tiempo
y no puedo dejar de fumar
el mate es buen chupete de loco
pero no siempre alcanza
mis manos pesan tanto que
se activa el olvido entonces
tengo que aprender todo
de nuevo como si fuera un bebé.
Dorada al sol tu espalda y yo
la miraba desde la montaña.
Un lago, monstruo bueno
nos cobijaba en días de vacío.
En caída libre nos tomamos las manos
y esas cosas nunca se olvidan.
tengo los ojos en tu bolsillo
no ven nada del mundo y así
ciego adivino cada paso
hay tantas cosas en el barrio
que me pierdo por ese olvido:
la feria, las señoras con carrito,
la danza de las hojas secas.
de algunos balcones pienso en saltar
pero no imagino el impacto
sino el trayecto previo.
el viento en la cara, las manos filosas
una cuenta sin pagar y yo cayendo
la sonrisa más grande que nunca.
busco algo que no quiero encontrar
encuentro algo que no quiero pero busco
en formato caracol avanzo al mar
y dejo una estela babosa en la arena
Ahora vivo en el cuarto piso
y me desvivo por el silencio:
cargo agua para el mate
mientras camino el parquet;
lavo ropa como veterano de guerra
y ordeno todo en simetría.
Miro al rededor y percibo
soy un grano ínfimo en millares.
Hasta ayer: cada día, vida o muerte;
desde hoy: nada hay tan importante.
Atolondrado el corazón
pasado de día y noche
vive siempre en el derroche
como sin caparazón
es la pena una canción
que olvidé de tanto cantar
pues mi voz tiene en el mar
su carbón y su cerilla
la receta es tan sencilla
como estrellarse al amar.