martes, marzo 23, 2010
Cero
el camino de tierra hacia el pueblo, el látigo
del sol que se afirma. Aunque ya está con
los ojos abiertos y por la ventana se filtra
la primera resolana matinal del verano en el litoral,
da la espalda a las endijas de la persiana
y con los ojos abiertos está recostada sobre
una cama angosta cubierta con una sábana blanca.
El techo es bajo y está construido en picada.
El calzón blanco que la cubre es chico pero alcanza
para poner a salvo del ambiente la mata desnuda
que lleva por sexo. Tiene un pequeño corazón celeste
bordado en el centro, donde un relieve discreto
se pierde entre unas piernas largas y morenas,
que junta sin fuerza. Miles de pelos en armónico caos
se deslizan sobre sus hombros, arremolinados
por la humedad del ambiente. Dos tetas morenas y redondas
reciben el viento que un ajado ventilador de pie descarga
sobre ella entre un ruido oxidado y el canto creciente
de los pájaros. La única luz encendida es la de la bicicleta,
que apoyada sobre una estufa que nunca se prendió descansa
de tanto camino con su foco prendido porque la olvidó
y ya no quiso levantarse. Amanece y, tal como decía
la última línea del libro que Mariana leyó antes de dormirse,
ya está con los ojos abiertos.
Con la otra se cae al suelo
porque la oscuridad del parque allí es la prueba de que el diablo existe
entonces Rosario masculla unas palabras para agitar los vientos y que no se acerque.
Antes, cuando ruidos de pájaros la despertaron una vez que soñó con lo mismo
una vez que soñó que antes de convertirse en una cazadora del más impávido mal,
antes que amaneciera y ella ya con los ojos abiertos recibiera otra ración,
planificó los artilugios más adecuados a la hora de una persecusión
como las que dijo papá que había allá en las medianeras de Saavedra, en los cuarenta,
saltando por los techos, cazando chorros negros cabeza, era su viejo un tipo de bien
la vocación de servicio se hereda, le había dicho una tarde reveladora
y supo entonces que con una vela en la mano (y con la otra se cae al suelo)
haría como su papá, persiguiendo a los servidores del mal por el parque
toda vez que pudiera implotar esa carnicería de mierda que como una cárcel
la tiene enchastrada de sangre hasta cuando la sangre es también de ella
sangre de vaca por afuera, sangre de Mariana adentro y en el corazón celeste.
lunes, marzo 22, 2010
Pasa Juárez
Porque es una sombra tan pelafustana y fugaz que me sombría
Me acogota todas las trompas de Falopio y me falopea la trompita
Es que ese Juárez tiene una larga data en su prontuario acaramelado
Yo me extraigo la bombacha de la polvareda del fondo y la sacudo de arena
Bamboleando las manitas como quien se rinde de una guerra injusta
Pero si Juárez ya se fue y está en el bar toreando algún cristiano no me importa
Yo corro pasadita por el agua del recuerdo hasta la cama de mamá y me hago pis
Aunque no haya tomado mate con mandarina desde las cuatro, me pillo igual
Es que Juárez es tan diurético que me parlanchinea en sueños el muy guaso
Tiene sombrero y es todo negro o de un color que de tan oscuro es negro azabache
Yo me caigo de la hamaca,
me caigo y no sé más que hacer que llorar tantitas piedras de queso rallado
si allá por el fondo mengúa la parsimonia de la casa del Doctor y se sacude con el ruido
con el que el viento en la mañana esconde la música en el matorral.
F.U.C.A
no es solamente agazaparse por la corrosión
es identificar un punto exacto desde donde atacar.
Con bolsas de arena
levantar paredes donde no las había antes
tracciona tus tentáculos hacia andariveles de futuro.
Frente Unico Contra la Adversidad.
miércoles, marzo 17, 2010
Dos puntos
es un pedazo de materia que no está
es un hueco expuesto a mil torbellinos
es la fórmula del desborde, la cava
que atrasa décadas para deformarme.
Lejos
es silencio, ausencia de símbolos
ruidos que no titilan, luces apagadas
es la nada misma porque median frases
escritas en una ventana muerta de nada.
Lejos
es no saber si explota o duerme o ríe
o quiere volver el tiempo atrás, si
se le arrugan las manos o es valiente
es no saber su vida entre fluídos y humo.
Pero cerca
es calma, es claridad de camino ancho
es barrer con todo lo que no hace falta
es acordarse que nada importa más que
lo único importante en todo este baile.
miércoles, marzo 10, 2010
Mariana la de los perros
Kilos robustos de bronca férrea y plausible serían su motor más vivo
rodeada de perros, escribiendo a los diarios cartas de amor,
en una danza frenética atravesaría las calles del sur del conurbano
desparasitando animales que nadie abandonó, olvidados por todos,
dejando todo atrás si no tuviera, dejandolo si no tanta mancha
de sangre de adorno impregnada en su delantal blanco por el calor húmedo
del litoral,
improvisada en el largo y estrecho pasillo una clínica para pulguientos
con dedos expertos en extracción de garrapatas, las mismas uñas
que teclean las misivas que recibiría un hombre mal pago
clamando por bondad, por familias como las de antes o las de mañana,
trastocaría el orden del barrio con una punzante mirada ciega,
porque ya no desgarraría trozos rojos y blancos con una sierra
ni empaquetaría bolas de carne picada, separadas en común y especial,
sino que la compraría quizás en Villa Vatteone, tierra de carnicerías,
para salvar la vida de miles de cachorros llorones del predio YPF,
o del arroyo Las Marías, o de la tosquera de Scarpatto,
ya no bicicletearía unas mañanas húmedas en medias y mochila,
cinco kilómetros hasta el centro, hasta los guantes de latex,
que en Yuquerí traen de Corrientes capital.
No.
Inundada de un enojo mundial para con tantas señoras como
vacunas antirrábicas habría aplicado, bañaría jaurías atropelladas
Si Mariana no estuviera unida por siempre al destino del osobuco.
domingo, febrero 28, 2010
Instrucciones para cientoventicuatro botellas de agua dulce
te destapo las manos, y las lleno
de agua dulce de un río entrerriano que
en cientoveinticuatro botellas de uncuartolitro
guardo en la baulera del departamento de Avenida Córdoba
desde mil novecientos noventa y nueve.
Te entierro un ojal
en el medio de la flor, te desensillo
las piernas y las desando, dejando a la vera
de las rodillas mi vieja y toda carga de mula, en bolsos
de cuero negro percudido por las tormentas y los caminos terrosos
que me llevaron a las instrucciones.
Mientras apago y prendo
la espalda y te inflo con tabaco
las colas porque es lo que dice el papel
la preparación debe ser cuidadosa, tengo que hamacarte
las orejas y ser fino al desabotonarte la nariz levantando
todo el polvo que sea necesario.
Para corroer los engranajes
y darle al ambiente la humedad precisa
que te desenrosque los pies y te destape las manos,
encontrar el motivo por el que durante once años guardé
cientoveinticuatro botellas de agua dulce en la baulera estornudada
del edificio de Córdoba y Junín.
jueves, febrero 25, 2010
Breve nota de Uspallata
apaciguando la cordillera
de entre las ropas amanecía
su caja llena de historias
me mostró tantas pócimas
tantos atajos, tantas vidas,
abanicos eclécticos de sal
y millones de líneas que
me dispuse a leer entre el frío
y la nieve del verano nocturno
en la altura de aquella Mendoza.
Había también un libro
repleto de sábanas y clichés
de todo lo que yo no
quería con ella ni
con nadie nunca más
entonces decidí leer solamente
aquello que no pinchaba
y así amé a Teresa
hasta el fin de los días.
miércoles, febrero 24, 2010
Para despegar un gusano del lado de adentro de la calavera
hay, por lo menos, tres maneras:
fijar la vista en la conjunción de pared y techo
desinflar el globo con helio adentro de la boca
o declararle amor al primer conductor cualquiera sea su sexo.
También se puede probar con silbar un D´arienzo a la madrugada
en algunas calles de Barracas, donde dicen que hubo casos
en que el gusano se deslizó sin vida y cayó por la botamanga
hasta chocar con las veredas para hacerse charco de lluvia.
Pero esta opción es de las menos comprobadas.
Sino, hay quienes afirman haberlo arrancado de sus mentes
frotando el papel de polietileno en que se envuelven las boletas
por los tobillos en ayunas una vez picados de mosquitos
entonces el gusano asoma los ojos por una oreja y una pinza
de depilar o picoloro termina el trabajo. Pero es peligroso.
Para deshacer al gusano de la calavera, del lado de adentro,
no hay como desvanecerse ante las materias más elementales
como son el chirlo en la cola, la lambida de lóbulos,
las manchas de vino en la ropa, una pantalla en la sabiola del perro,
que es lo mismo que
fijar la vista en la conjunción de pared y techo
desinflar el globo con helio adentro de la boca
o declararle amor al primer conductor cualquiera sea su sexo.
martes, febrero 16, 2010
Eleonora en el estanque
mirando volar los insectos, la mente pendulando de una nube imaginaria
expresada en un incipiente hilo de saliva en su boca y en las ropas
que su madre vieja y flaca y toscamente conservadora le haría vestir
porque una chica con veinte años no puede, porque una chica
con sus problemas no puede de nacimiento despertar pensamientos
en los hombres de la zona que están todos enfermos de hambre y odio
Asesinaría cada madera del muelle roto desde el que se escaparía
con esos ojos oscuros y mentolados que parecerían de telgopor y témpera
Tres dedos que no habrán sufrido el designio se moverían en círculos
estirarían el hilo transparente que tornaría círculo oscuro en su vestido
y más oscuro aún con el rumor de los pasos del casero santiagueño
que con chacareras la pondría a bailar en una fiesta secreta bajo techo de paja
en una casilla alejada del casco de la finca que no sería de ella ni de él
pero todos dormirían la siesta porque el sol ya sería sequía
partiría las cabelleras oscuras de todos los que trabajan los campos
y haría despertar a todos los abanicos de la provincia de Buenos Aires
moviéndose en manos blancas de uñas aburridas, agitando las tinturas,
nadie iría al ranchito ni al estanque ni al muelle porque en verdad
a nadie le importaría ni lo más mínimo de su pequeña ración de atención
más allá de sí lo que estaría haciendo la pobrecita de Eleonora que nació mal
parida si Mariana no cortara osobuco en Yuquerí,
entre desinfectante y reses con la cabezas que ya no están hacia abajo pendulando.
viernes, febrero 12, 2010
Tigres en la sopa
en el que la zona se torna ambiente que gotea
espaciado, lento, constistentes gotas de existencia
planean las tardes que toman formas de tregua
agazapada en unos placards como paréntesis
como es una bicicleta, como fue una red de caza
antes, cuando todavía no había alfombras para volar
e indefinidamente yo buscaba entrecerrado, sobre puntos transparentes
cuando no salpicaba el vértigo ni había tigres en la sopa
cuando el plástico bañaba tantas espaldas tatuadas con una estrella
cada una,
cada espalda,
cada tigre,
cada sopa,
cada estrella,
cada placard,
cada momento equidistante entre manzanas con la mitad de la piel
curtida por los pelapapas hospitalarios que improvisaba en Monte Grande
Sin saber que eran mentiritas piadosas, los pellizcones del entresueño,
para una vuelta al planeta de la velocidad, y en la mano un aerosol naranja
pintaba un símbolo parecido a una pelota de básquet, pero ni siquiera,
era el símbolo de la fragua, el sello de un sendero estrecho y terroso,
espejismos creados por la herencia de siglos de eso que llamaron progreso.
Mientras hoy podemos flotar esclarecidos porque ya no importa más nada
uno atrás de otro que gotean de la canilla los posibles futuros como diapositivas
dibujando en la pared de ladrillos mil espaldas estrelladas mientras te busco
en cada tigre,
cada sopa,
cada estrella,
cada placard,
cada espalda,
cada una.
miércoles, febrero 10, 2010
Canción para Mini
Ella no lo sabe
pero agiganta cada palabra coloquial con las mejores flechas
suelta tormentas de confianza en el futuro, aprisiona heridas
embadurnándolas con el merthiolate de los corazones de buena madera
y filetea lo cotidiano porque tiene el don de escribir palabras
con piezas de todo lo que te pasa y te pasó y no sabes que te pasa
mientras lanza carcajadas ácidas tan dulces que no quedan dudas
que se merece la mejor felicidad, la alegría de todos los futuros
se merece no cruzarse nunca más con partículas oscuras que no saben verla.
Como toda poeta maldita endulzada por los fantasmas de la psicosis
atraviesa puentes sobre lava, se zambulle, bucea allí donde todos huyen
para jamás agazaparse, siempre ir al frente, tiene en la boca el mejor consejo
que es sincerar las voluntades, musicalizar los miedos, untar de mañanas.
Ella no lo sabe
pero es tan buena para perderse con lo que tan poca pena vale
porque acumulan cruces y sigue al pie como le bulle la sangre
se inquieta al ver que con tanta liviandad pasan los días sin que les pase nada
reconoce que asiste a un enfrentamiento de clases que todo lo atraviesa
no sabe cuán valiente es ni cuántas palabras lanza cada una de sus palabras
pero la esperan los mejores banquetes, los neones más brillantes,
tanto cine tanto borde tanta zona para pilotines mientras le van a sobrar las historias
sólo porque le sobran las manos para sobrarle letras que le sobran palabras
es un tren de hermandad y no lo oculta, lo pasea arriba de los tapetes, la seducen los espejismos
en sus ojos de muchacha de su casa y de la calle baila cumbia y sabe caretearla cuando está con caretas aunque extraña la grasita que allá en Mataderos caminó las veredas de su vida en busca de un amor de veras.
Ella no lo sabe
Pero yo la quiero porque intuye de qué se trata todo esto,
con una sabiduría de toneladas comprimidas en un metro y medio
que desata en dosis de rocanrol realista.
martes, febrero 02, 2010
Lluvia
Tan fuerte como gritan los perros allá afuera.
Lluvia de gotas anchas como conchas rechonchas, aguacero
de fina punzación contra la carpeta asfáltica de baires
merodea todo el vapor de una historia que está por venir.
Va a llover.
Todos lo pensamos algún día y empezó la canción
arrojada al barro seco por precaución y zozobra
para que al pasto vivo del río no le sobre artificialidad.
Deberíamos vivir sobre el río,
para saber aún con más exactitud cuando va a llover
y así combatir el dengue, descacharrizar la existencia
juntando latas oxidadas que ya no sirven ni pal aka.
Mearlas.
Agitar una fainá del deseo para que se vayan todos
los fantasmas que habitaron los cacharros abollados
por una historia que estaba por venir y nunca vino.
Robarla.
O recuperarla de sus ladrones porque la historia
está en movimiento y es vapor de lluvia que flota
torba sobre los pedazos de la vida con forma de panes.
Deberíamos amasar panes
Agregándole glicinas violetas, chubascos y mucha médula
unas lluvias que son panes que son vidas trepando medianeras
cuando la bola de fuego se hace roja a las espaladas porque sabe.
Que va a llover.
viernes, enero 29, 2010
El baile
porque sabe de flotar sobre un prisma marmolado
rabiosa y contenta, acapullada valientemente
contiene la espuma con un borde elástico
que imaginaron una tarde aplacada los santos oscuros
con ojos de diablos y esmoquin, hoy ya desde un escaparate
cómo se alimentan las piedras, dijo
con más piedras, y algo de agua fresca, se respondió
-al instante-
caminando por algún pasto enmalezado
en donde la mala hierba es la yerba buena
un paseo mediano, un andar de avioneta,
y zarpullían las palabras, allá donde nadie habla,
y se deshace, ella sobre todas
a ella, sobre todas ellas, malezas de bambula
se le defasa la cintura, se divide en miles,
porque sabe de flotar sobre un prisma marmolado
ahora que nadie habla y hay partículas de siesta.
sábado, enero 23, 2010
Todo su verano
si Mariana no hubiera amanecido en Yuquerí
se pasearía por Parque Patricios
caminaría los sábados por la tarde
sobre la Avenida Caseros
se llamaría Yamila y llevaría
su piel tostada y tersa de cara al sol
cubierta por los pequeños retazos
de la moda más popular y chillona.
Miraría picante a cada hombre que pasa
sólo un breve segundo para después
volver la vista a su aparatito o a la nada esa
que tan bien miran sus ojos cuando
sobre el campo verde camina hacia el pueblo
y fija dos flechas en ese mojón quieto
y mutante que es el río Uruguay.
Pero si Mariana no caminara cada una
de las mañanas de sus veintisiete por
el camino de tierra que lleva a la principal
iría tan segura y hermosa con sus diecinueve
por el barrio donde siempre es verano y me diría
que quiere ir a tomar una Coca Cola, o una birra,
que no importa, que es lo mismo, pero conmigo.
Yo la dejaría caminar primero, un metro adelante,
para volver a apreciar el balanceo armonioso
de ese culo redondo y compacto, contenido
en las breves redes de jean haciéndose uno
con la autopista oscura y voladora que es
la espalda de Yamila en Parque Patricios.
Pensaría en como mis manos flotan siempre
que deslizan un mapa sobre todo el verano de Yamila.
El morocho y húmedo verano desnudo
que me ofrendaría en el pasillo del Pasaje El Refrán,
o en las madrugadas de pasto de la plaza José C Paz.
Yo le prometería amor eterno y un viaje por el continente
No querría salir nunca del refugio antiatómico
que levanta cincuenta grados mientras la miro caminar al baño
haciéndose un rodete, arqueando su cuerpo una vez más
un metro delante mío, cerrando la puerta, prendiendo la luz,
sentándose en el inodoro, purificándolo con todo el amor
y los pájaros y las flores que salen de su culo, con todas
las ganas de ensanchar la vida que su cadencia extiende
desparramándola por las veredas del barrio mientras
los viejos pajeros y borrachos la cojen con la mirada.
Pero Mariana corta osobuco en Yuquerí
pica rojas bolas de tejidos y huesos
cuelga reses de ganchos filosos
mientras piensa en como se pasearía por la ciudad
si tuviera diecinueve y yo la pasara a buscar en bici
para ir a tomar una Coca Cola, o una birra, o un no importa,
y así rozar la armonía definitiva con cada paso bamboleante de todo su verano.
martes, enero 19, 2010
Orden y concierto
para enfriar las penas de la llorona que pasa en las noches
traficando lámparas de bajo consumo, y cocaína,
mientras purifica el alma de los Novatos de América.
Puede funcionar quizás, un poquito de cebolla
entre pimienta verde traza una línea e insinúa el futuro
que baila cumbia vieja difuso, por momentos sensual,
e inunda muchas mañanas con brillo de un sol de polvo y jabón.
Analizándonos como cebollas
mostramos rostro dócil y nos entregamos al azar
que pulula sistemático a través del umbral de los días.
Aparecemos y desaparecemos
como lo mismo que llevamos en la maleta de la cabeza
que plaga por momentos cada zócalo de orden y concierto.
domingo, enero 17, 2010
El mapa se revela cada siete años
Porque todo es inercia que arremete plana como un buey de California hasta que un salto que se insinúa fragmentario desfasa la línea argumental de los días para hacerme volar como un satélite. Sin prisa, pero sin pausa. Constante, decidido, oportunamente recto. Parece fragmentario, pero va tejiendo su red.
Porque hay un día en que todo pasa, como un cuento de la infancia, a tener colores. Azul, amarillo, verde. Mediado por una historia de la costa del Paraná deliro con hacerte el amor bajo una enorme parra serrana en las mañanas cordobesas salpimentadas con mates enyuyados de boca ancha y pan casero y la mermelada que transpira una señora que probablemente se llame Marta, o Dora, o Susana. Con los chicharrones negros y constelados que Marta, o Dora o Susana desparrama sin estrategia sobre la masa que toma forma lentamente mientras se hacen las diez y sol sube y se torna fuerte entre los fuertes, acariciando las polleras azules, amarillas, verdes, que indistintamente cubrirán las piernas curtidas de Marta, o Dora, o Susana. Con la idea de que tal vez haya un espacio en medio de toda la zona densa e imperceptible donde plantarse a ser uno mismo sin el chaparrón constante de agresiones externas de un ejército en camisa.
Y entonces me doy cuenta de que sí. Que esto de ser un satélite no es moco de pavo. Que te voy a cuidar como cuido mis ganas de hacerle la guerra a lo que parece inamovible. Como cuido cada siete años lo que solo se dibuja y traza un mapa que me recuerda hacia dónde iba mientras me da un buen chirlo por haberlo olvidado.
miércoles, diciembre 30, 2009
... y el barco se llama Ganga Yamuna
Yo no sé descompuesto de palabras sigo el cuerpo luminoso
yo voy por más... ¿hasta dónde, hasta dónde?
hasta el cielo donde nadie antes llegó
¿Qué veo? Estás sola y esperándome sin hablar,
el tiempo se deshace cuando busco adentro tuyo.
Pronto tu alma voy a encontrar.
Yo te doy tres canciones, mil caricias
y un nombre con el que me podés llamar,
si querés yo me quedo con vos
hasta que pasen las mañanas y suba el mar
y tengamos que escaparnos en un barco a otro planeta
y el sol y la sal saluden a la chica y al samurai del espacio...
y el barco se llama Ganga Yamuna.
viernes, diciembre 25, 2009
A Paco Urondo
que cubren como escamas las piernas rojas
mojadas por una lluvia de las seis de la mañana
una precipitación alcohólica y fulgurante como rayos
de luz asesina de enemigos del amor y del aroma a pan fresco
Sin disciplina ni método
aprender a amar sin colmillos
y no derramar sangre de nubes tontas
que toman formas decisivas en un cielo opaco
cuando más pasos en falso se filtran por los codos
un remolino de señales en amarillo titilante rueda
para agitar el fantasma de que no se puede dibujar alegría
Sin disciplina ni método
bailamos balanceándonos hacia los costados
y dejamos sobre el borde todo el ritual de mentiras
que nos exige nuestra generación y extracción de clase
para afirmar la convicción de que en paralelo hay más de eso
lo que nos tracciona como zombies hacia un lugar en la montaña
donde esperar ya más nada y de una vez por todas recostarse a vivir
Sin disciplina ni método.
miércoles, diciembre 23, 2009
El día más ancho
que un mojón de cobre brilloso
angostara todos mis días
camino recto al día más ancho.
Piedras de Catamarca
Verde valle una por una
apiladas transforman huecos
que afirman la tierra que pisamos.
Con fondo de nieve duerme la niña
las empanadas de la noche de verano
y un vino tinto que enhielado la vigila
flotando en un aire tan denso y liviano.
Amanece la cuesta del portezuelo
zizagueante entre los cardos viejos
mate a mate toma color el mundo todo
y se agiganta con cada paso de día angosto.
Hasta la llegada del días más ancho, siempre
que se extiende voluminoso y trastoca la ruta
un día de muchos días, el mejor día de todos,
aliviana mi carga de mula porque quema lo que sobra.
miércoles, diciembre 16, 2009
Finalín y Comienzón
aplazan el olvido como una centella
rebozante medialuna de la mañana
que por tarde es dura como piedra.
Conejos verdes con fritas y ensalada
en el frigorífico con olor a lavandina
los ganchos de acero amenazan a tu burra
y el tiro al blanco desafía a la mía.
Ay, de mí, un pequeño chacal
que asusta a la abuela con bombuchas
llenas de meo, esperanza macerada y firulete.
Ay, de vos, caderona irreal
que me enamora en dos mil burbujas
como bichos asesinos que me muerden el ojete.
martes, diciembre 08, 2009
4
más uno
más uno
más uno
como gotas
de incienso
angostado
por la cal
y la arena
del camino
que cruza
una posta
enclavada
en el mar
alejado
allá
donde termina
el arroyo
Las Conchitas
donde uno
más uno
más uno
más uno
como gotas
de madera
arañada
por mentiras
del truco
y la taba
como la china
del Tropezón
que me grita
"¡voy!"
se viste
(poco)
y húmeda
me abre
me mira
cuatro segundos
uno
más uno
más uno
más uno
como gotas
del aire
pesado
y antiguo
futuro
que contiene
toda la vida
de todas las vidas
que alguna vez
sonrieron por algo.
555
que no titila y siempre es luz
preparada para ser humano
todos los días de la vida?
¿Habrá lugar en el mundo
para encarar las rocas del mal
juntos y sin psicosis
todos los días de la vida?
¿Será la coraza un mal necesario?
Si cuando cae retorna el eterno retorno
Como un cienpies duplicado
llegando eco desde el pasado más turbio.
No quiero Entumecimientos de Gales
Quiero amor, un campo, tomates, vino, pibitos, perros
alegría, brindis, asado, sonrisas, salame, queso, pan,
Amor.
Pero la pose posa sobre el peso del mundo entero
todos los días todas las noches toda la vida pasada
y presente, y futura, entredicha, tumultosa, chica,
cortita.
Cinco Cinco Cinco.
Cíclica como cebollas.
La patria chica.
El eterno retorno.
Cinco cinco cinco.
Cebollines y papines.
Ensalada del norte.
El eterno retorno.
Cinco cinco inco.
Falsete de la vida.
Colorete del payasón.
El eterno retorno.
Cinco cinco cinco
risas como estruendos
sin brillo
ni color.
Cinco cinco cinco
punto partida y final
no debo olvidar
la vieja lección.
Cinco cinco cinco
es
siempre
lo
mismo.
jueves, noviembre 26, 2009
Big bad day
porque aparecen y desaparecen las luces del campo, a lo lejos
siempre es igual y trae confort, acaricia los pasados, arropa el futuro
alejarse del centro primario gestor del hielo.
Desalinear, porque sí, toda la vida de todos los hombres que me rodean
tan solo un segundo
para después cerrar la puerta
dejando atrás la bomba titilante.
Acto de justicia, de amor, de liberación, histórica partida
contra los mismos pulpos de la lata que arrebatan la carne.
Los resoplidos se apilan y forman un ambiente,
La escena se tensa hasta romperse.
Momentos que son un mojón de escarcha y poliester
cuando en un instante se sacude el pequeño mundo que rueda.
jueves, octubre 01, 2009
El sol sobre San Pablo
que no cabíamos en la bañadera?
Mirábamos los morros de San Pablo maldecir a lo lejos
y buscábamos la vía más rápida hacia Río por tierra
mojando el mapa, aprisionando las burbujas engualichadas,
¿Te acordás, nena? ¿Te acordás de mí?
Mañana
Enredados en un aire viciado de humanidad no puedo despegarme.
Cada vez que despertamos, miro en rededor para recordar.
Porque afuera las guerras están al día y hace falta un caudal de potencia.
Cada vez que despertamos, floto porque descanso tanto.
Todo mi cuerpo es un solo cuerpo que puede caminar hasta caerse muerto.
Cada vez que despertamos, estoy seguro de que vamos a salvar el mundo.
Todo centímetro del refugio se hace luminaria que germina sin pausa.
Resplandece, cada vez, la suerte que nos toca
Se humedece una porción del universo en miniatura
Porque hay sol adentro y afuera, y las bombas rebotan
Regresan intactas al centro de la retaguardia del enemigo.
miércoles, septiembre 30, 2009
Lucero
atraviesa imprudente el marco que limita la mirada
para juguetear una escondida con la ochava de Moreno
y trasladarse caminando a un empedrado minado de guerras
y de amor verde agua, y de locomotoras de miniatura,
y perros con jardinero, y locura de verano, y putas y putos,
y anarquistas italianos, y un comité radical intransigente,
y hermanas preciosas, y nubes de gasoil y paco, y viejas locas
y Julio paranoico, y el fantasma de Toto, y el piolín infinito,
y Milena que es hermosa y mala, y Mariano que no termina de irse
y la historia entera de los mismos protagonistas
delimitada por los bordes reales de la escenografía,
de la que forma parte el mismo pájaro, que se posa en la madera
y picotea los oídos desde las cuatro en verano y las seis en invierno.
Lali
-Esa mina está con vos
Alguna noche de enero de 2007, Lucho me hablaba y yo no lo escuchaba. Estábamos en la terraza del hotel El Carretero, del centro de La Paz, la capital boliviana. Mi atención estaba completamente abocada al espectáculo extraño que ofrece esa ciudad al anochecer, cuando miles de pequeñas luces trepan anárquicamente la extraordinaria cordillera que la encierra. Habíamos atravesado el periplo de llegar por vía terrestre desde Buenos Aires, en decenas de inmundos y pintorescos buses conducidos por hombres ebrios que surcaban a cientos de kilómetros por hora los peligrosos caminos del interior argentino, primero, y del altiplano boliviano, más tarde. Esa noche, rodeados de jóvenes, tomábamos cerveza “al tiempo” y fumábamos cogollos provenientes de las yungas amazónicas.
-Esa mina está con vos, boludo.
Finalmente escuché a Lucho. “Esa mina”, iba a saberlo más tarde, era Lali, una bonita porteña, estudiante de psicología, alta y morocha, que junto a un grupo de amigas y un par de chilenos hacían lo mismo que nosotros y que todos. No le di demasiada importancia al comentario de mi amigo, generalmente optimista para la conquista. Al día siguiente, Evo Morales cumplía un año de mandato como presidente de Bolivia, y La Paz se vestía de fiesta. Extrañamente, entre las decenas de miles de personas que escuchaban el discurso del primer mandatario indígena del continente, Lali y sus amigas aparecieron detrás de nosotros. Cuando quise comprar unas cervezas que ofrecía un muchacho de quince años, no me alcanzaron las monedas, y ella, con una sonrisa, me ofreció las que faltaban. Intercambiamos breves palabras, y la fiesta latinoamericana siguió su curso, cada uno por su lado.
Dos semanas más tarde, la Isla del Sol nos encontraba en sus playas rodeando un fogón nutrido de viajeros, que con el paso de las horas se fueron a dormir, dejándonos a Lali y a mí solos frente a la inmensidad del Lago Titikaka. Dijimos algunas tonterías, le devolví los tres pesos bolivianos que me había prestado en La Paz, y el resto es cuento viejo. Entre la cháchara previa, nos dijimos que dos días más tarde nuestros respectivos compañeros de ruta emprenderían el regreso. Ambos coincidimos en el deseo de seguir siendo hippies algunos días más, en ese poblado surrealista que es el Puerto Norte de la isla, habitado por un manojo de campesinos bolivianos que apenas hablan español, sobre una playa de mil maravillas en la que los viajeros acampaban por semanas sin pagar nada a nadie jamás. Veinticuatro horas más tarde, Juan, otro amigo que viajaba conmigo, se enteraba de que su novia, que también formaba parte del contingente, lo engañaba con cuanto tipo se le cruzaba. Me dejó la carpa que hasta ese momento había sido su nidito de amor para volver a Buenos Aires a moco tendido, tras una escandalosa separación en ese escenario tan extraño para una escena novelezca. Más allá de la tristeza que me causó ver a mi amigo con el corazón partido en mil pedazos, yo canté bingo.
Fue entonces cuando comenzó un inesperado idilio amoroso entre Lali y yo. En un iglú comprado en el Carrefour de Lugano, pasamos catorce noches memorables. Desayunábamos frutas deliciosas sobre la arena, bajo un amable sol cordillerano que nos acariciaba frente al imponente centinela de aguas heladas. Rodeados de colombianos, argentinos, chilenos y brasileros, éramos la pareja feliz de una comunidad nómade que había encontrado el lugar ideal donde reponer energías largos días para luego seguir con la ruta trazada, generalmente camino a las ruinas de Machu Pichu. Nuestra única preocupación era conseguir la leña para cocinar la cena, administrar con cordura los preservativos y reunir las monedas que gastábamos en el licor Pampeño que calentaba nuestras noches. Cuando el dinero se terminó, atravesamos juntos los tres días que duró el retorno desde la frontera entre Bolivia y Perú hasta la Reyna del Plata.
Lali fue mi pareja durante todo ese año. En diciembre de 2007, nuestra psicosis ciudadana se encargó, como siempre, de generar las excusas necesarias para una ruptura civilizada y expeditiva. Nunca volvimos a ser tan felices como durante aquellas dos semanas en la Isla del Sol.
viernes, agosto 28, 2009
Autobiografía en 30 líneas
Juan Francisco Gentile. Me gusta mi nombre. A lo largo de los años me cansé de escuchar quejas blasfemantes contra padres de mal gusto. Sin embargo, yo celebro la ocurrencia de los míos, que podrían haber elegido, sin esfuerzo, un canónico Pablo o Manuel para acompañar a Juan.
El 13 de mayo de 1985 la primavera alfonsinista entraba en el epílogo previo a la crisis económica de fines de los ochenta. Ese día, en la Clínica del Sol, asomé una cabeza especialmente grande. Laura, mi madre, que es médica, cocina como un cheff de primer nivel y es la mejor en todo lo que hace, cuenta que sintió un “dolor inmensamente alegre”. El barrio de la Recoleta que me vio nacer nada tiene que ver con el clasemediero Almagro al que Carlos, mi padre psicoanalista, me llevó a los pocos días en un destartalado Peugeot 404 modelo 70 junto a Pablo, mi hermano mayor, que me lleva once años y con el que no desarrollé una relación sino hasta que él tuvo 30 y yo 19. Aún vivo en esa zona mediterránea de la ciudad, de la que disfruto por su espíritu cultural, tanguero y progresista.
Serrat, Almendra, María Elena Walsh, Charly y Tato fueron el sonido ambiente con el que crecí, hasta ser el más alto de la salita, luego del grado y más tarde del curso. Siempre aparenté más edad de la que tuve. Me pregunto cuándo va a pasar a ser un problema.
En 1989 nació mi hermano menor, Agustín, y desde entonces tuve con quien corretear, destrozar vidrios, jugar ocho horas seguidas al Mario Bros sin pestañear, dibujar pijas y tetas en las paredes de la casa, y todas esas cosas que hacen los chicos. En el colegio primario me enamoré perdidamente de una piba que se llama Lucía, que era hermosa y lo sigue siendo. Nunca me animé a decirle nada.
Más tarde, un secundario cargado de bohemia, la militancia política, el rock, el descubrimiento de la literatura, la primera novia, el sexo, las borracheras y porros configuraron un adolescente neo hippie que comenzó a escribir poesía y a editar la revista del Centro de Estudiantes. La palabra escrita me permitió generar pequeños revuelos, conseguir chicas, cambiar mi mundo. Tal vez sea ese el origen de mi confianza en que la escritura puede contribuir a cambiar el mundo.
Hoy tengo 24 años, me faltan ocho materias para terminar la carrera de Letras en la UBA y hago Periodismo para cambiar el mundo. Trabajo en la más sanguinaria máquina mediática, el Grupo Clarín. Mi consuelo: José Martí escribió alguna vez que sabía como combatir a Estados Unidos porque había vivido “en las entrañas del monstruo”.
miércoles, julio 15, 2009
Cinco
ella entra soplando una fotografía sin tocar la puerta.
Más tarde ensillo y me voy en puntillas sin despertarla.
Pasa el tiempo,
es arremolinada la espera de más que pantallazos de luz.
Pero algo me susurra que hay que empezar por desandar el camino.
Llegar a puerto,
aparece como una imagen difusa que tramita el Estado de Cosas.
Entonces me asalta una revelación: ninguna ruta puede ser cíclica.
No hay más,
el timón para algo gira y es timón y encara la tormenta furiosa.
Cuando arrecia una tempestad hay que asumir cuánto se la desea.