Basta
de poemas tristes
escritos por manos cobardes
Basta
de una literatura del miedo
prisionera de lo cotidiano
rota por el auge del cinismo
Basta
de llantitos para seguir
de palabras que olvidan
de huecos hechos a medida
Basta
de la pulsión de muerte
del desencuentro como lengua
de esa tristeza funcional
al capitalismo posmoderno
Basta
de encierro de finales
prematuros de costras
de sal en las heridas
Basta
de la inmersión vacía
de remar en el aire
de la quema del sentido
Basta
de individuos partidos
de fiestas de nadie
sin ojos ni fuerza
Se terminó
la etapa de las palabras
de pólvora mojada,
ancladas en barro seco
sustraídas de fuerza
disociadas del poder
de hacer, de recordar
de dar de juntar de enamorar
de construir de empezar de seguir
siempre seguir y seguir y seguir
Adiós
a la cobardía y la desidia
al individualismo y al no future
a la libidinización de lo triste.
Empezó el tiempo
de la guerra
popular
prolongada
en la vida
en la calle
en la cama
en la literatura
en el bar
en cada rincón
donde habite
una porción
de humanidad.